¿Dónde está tu niño(a)?

La inocencia con la que viviste, la pasión que experimentabas al realizar actividades sencillas y la ilusión que provocaba el solo hecho de despertar, no tienen que morir. La creatividad que te llevaba a hacer “de tripas, corazones” y la felicidad que provocaba ese viaje a lo fantástico e inimaginable, no tienen que desaparecer.