¿Cuál es el problema?
Mirarme al espejo no me producía ni alegría ni tristeza. Yo conozco mi valor, ya lo he explicado anteriormente, mas en lo profundo de mi ser no estaba satisfecha con mi peso. A veces prefería no tener que enfrentarme a la Elizabeth que se reflejaba en el espejo, pues no era yo, no la que había conocido. Gracias a la obesidad mórbida, usaba ropa que no me gustaba. Todo mi conocimiento en conducta humana no me exime de ser una mujer con emociones, sentimientos y también sufrimientos. La obesidad aunque no determinaba lo que yo era y ni lo que soy, no era parte de mí. Estaba atrapada en un cuerpo no me pertenecía.
¿Cuándo llegué a ese peso? ¿Por qué o para qué rebajar? ¿Qué me provocó la obesidad? Son algunas de las preguntas que intentaré contestar en esta parte de la serie Una guerra sin tregua: ¿gorda o flaca?
De niña fui algo gordita, de adolescente era flaca, pero por la forma de mi cuerpo, y las proporciones de mis huesos anchos [las caderas particularmente], mucha gente me decía que estaba gorda. Ahora miro las fotos y veo la estupidez de creer en lo que los demás dicen de ti. Las personas pueden repetirte tanto una etiqueta que terminas por aceptarla. Sin embargo, no puedo precisar con exactitud cuando me convertí en una obesa mórbida. Luché varios años con el sobrepeso, pero sé que todo comenzó cuando me casé en el año 2001 e irónicamente se fue con mi divorcio, aunque no está relacionada una cosa con la otra.
Entonces, la lucha con el peso inició hace como una década atrás, aunque antes de eso ya había comenzado a intentar varias dietas para mantener la línea y estar en forma. La palabra que mejor describe lo que hay en la mente de un obeso es guerra, porque la batalla no es solo con el peso, sino también con los comentarios de la gente, las burlas, humillaciones y tantas situaciones que conlleva la gordura. La mala alimentación, no comer las veces que se requieren al día, comer muy tarde en la noche, no beber agua suficiente y comer para calmar la ansiedad pudieron ser algunas de las razones que contribuyeron al problema.
Mi salud se estaba deteriorando. De momento no podía caminar por mucho

Elizabeth - marzo 2011
tiempo, estar de pie era un verdadero sacrificio, me fatigaba por todo y el asma no se quería ir. Precisamente, esa condición afectaba más mi peso, pues la cortizona [tratamiento médico] me hacía engordar por la hinchazón que producía. Recuerdo mi última hospitalización en diciembre del 2010, esa fue la que me llevó a un peso que jamás imaginé. Incluso, ahora miro las pocas fotografías que me tomaban en las actividades de la Oficina y no puedo creer que yo estaba así. Realmente no me percibía de esa manera y las personas cercanas a mí, aunque sabían que estaba gorda, tampoco podían ver la proporción de la condición.
Desde los 23 o 24 años padecía de la presión alterial, el año pasado descubrí que también tenía apnea del sueño, todas condiciones médicas que se agraban por la obesidad y que podían llevarme a la muerte prematuramente. Entonces, rebajar no era una opción, se convirtió en una obligación, lo tenía que hacer si quería tener calidad de vida y vivir más.
Cambiar mi vida fue una decisión difícil, me tomó dos años aceptar que ya lo había intentado todo y volvía a recuperar las libras que perdía. Tenía un

Elizabeth - marzo 2012
problema y se llamaba obesidad mórbida. Mi cita con la nutricionista (dietista) a mitad de junio de 2011 fue determinante. Comencé a comer seis veces al día, tres comidas y tres meriendas, y a tomar mucha agua. La cena la sustituí por una batida de proteína y comencé a ver los resultados de inmediato, bajaba como 10 a 12 libras por mes. En diciembre ya había bajado mis primeras 71 libras y me sentía muy bien de salud, así lo reflejaban los análisis médicos. Pues estos procesos tienen que estar supervisados, no se puede bajar de peso así porque sí. Pero la guerra continúa y poco a poco iré contando más de lo que he vivido.
Esta es la segunda parte de la serie Una guerra sin tregua: ¿gorda o flaca?, puedes leer la primera parte en la publicación Comienza la travesía.