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Posts etiquetados ‘Traición’

Un tema universal que todos hemos experimentado en mayor o menor magnitud y como he dicho antes, el amor nos eleva a los más hermosos sentimientos, pero también a nombre del amor podemos llorar lágrimas de sangre. Esto gracias a los que utilizan esa palabra sin profundidad, sin conocer lo que realmente representa.

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José estaba frente a su computadora revisando su Facebook  y viendo videos de Youtube para distraerse y escapar de su realidad.  De momento le llegó un mensaje.  Miró las notificaciones y en efecto, era Rosa.  Hacía una semana que había terminado su noviazgo, luego de tres años, y desde ese momento no tenía noticias suyas, pues ella lo sacó de sus contactos. Entonces, ¿qué quería decirle?

Abrió el mensaje y le sorprendió el asunto: No se pierde lo que no se tiene.

- “¿Qué le pasa a Rosa? Ya viene con reclamos y lloriqueos”, pensó.

La única manera de saberlo era leer aquel extenso mensaje.

“No he perdido, simplemente he despertado a la realidad de no haberte tenido. En lo más profundo de mi corazón te guardé y me aferré a un amor que no existía.

¿Qué si duele? ¡Mucho! porque me obsesioné tanto con tenerte que pasé los años  pensando que eras parte de mí. ¡Qué ilusa!

Asimismo, he realizado que nunca me amaste.  Por lo tanto, el amor no se terminó porque el verdadero amor no termina, evoluciona, pasa por diferentes etapas, pero siempre está ahí. Recuerda que el verdadero amor “nunca deja de ser”.  Si no lo puedes entender es porque nunca has experimentado lo que es amar sin medida.

Mientras tanto, cierro un capítulo más en el libro de mi vida. Hay una mezcla de sentimientos y no puedo evitar llorar. Entonces, te preguntarás por qué lloro.  Las lágrimas bajan por mi rostro, pero si estoy llorando es solamente para limpiar el corazón de este dolor y para borrar los momentos que construí en mi imaginación.

No puedo negar que mi sueño fue hermoso, pero se convirtió en una pesadilla.  Al despertar tú no estás, sigues en aquella cárcel donde te conocí, eres preso de un pasado que no quisiste soltar y no puedo hacer lo que te toca a ti, no soy tu salvadora, no te puedo dar felicidad porque tú no eres feliz y eso depende de ti, no de mí.

En el inconciente me dediqué a perderte.  El tiempo que no me dedicaste, las palabras de amor que no llegaron, la pasión que no existía y los besos que no me diste fueron alejándome de ti.  ¿Qué quiero decir?, que aunque en sueños nos amamos, en vida sentía que te perdía, pero no, no fue así, no perdí.

En vez de perder he ganado.  Ahora sé que tengo la capacidad de amar, de entregar el corazón y de perdonar.  Reconozco que a pesar de mis defectos tengo mucho valor. El tiempo es mi mejor aliado en estos momentos y sé que tarde o temprano sanaré porque no he perdido, definitivamente no se puede perder lo que no se ha tenido.  Te envío un abrazo y espero que seas feliz, Rosa”.

José no podía creer lo que había leído, no era lo que esperaba, su ego varonil estaba un poco afectado. No habían reclamos, ni súplicas, parecía que esta vez Rosa estaba decidida a continuar su vida sin él. El impacto fue fuerte, una lágrima bajó por su rostro y no podía aceptarlo, todo apuntaba a que esta vez fue él quien perdió.

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Sé que al igual que yo, tú también has experimentado el dolor de entregar tu corazón y que luego lo recibas en pedazos.  Te puedo decir que entiendo perfectamente el sufrimiento que causa y la frustración tan grande que se puede vivir.

Igualmente, te aseguro que tus lágrimas no son eternas y que luego de la tormenta llegará un nuevo día con la oportunidad de volver a amar y ser amado como mereces.  No olvides que tienes gran valor y que el mismo no depende de otra persona.  Si alguien no puede reconocer lo que eres y lo mucho que significas, prosigue tu camino, sana tu corazón, perdona y ya verás como el amor volverá a estar en tu destino.

Sí, ciertamente, es triste cuando despiertas y te das cuenta que le entregaste tu corazón a la persona equivocada y que te lo devolvió en pedazos, pero hay uno que está dispuesto a restaurarlo y a sanar tus heridas. El verdadero amor lucha con todas sus fuerzas para mantenerse al lado del ser amado.  Cuando alguien decide amar no se rinde y no cambia de opinión de la noche a la mañana.  La inestabilidad es parte de la inseguridad.  Si esa persona no está dispuesta a trabajar con su vida no podrá amarte porque no puede dar lo que no tiene.  Recuerda que para que puedas amar a otro primero tienes que amarte y ser feliz.  Tu felicidad no puede depender de los demás.

He aprendido que no podemos decir TE AMO con palabras y demostrar lo contrario con las acciones.  Que ni los detalles, las flores, los cuidados que te puedan dar podrán asegurarte una relación estable.  Y, ¿quién no se ilusiona cuando lo tratan bien?, pero lamentablemente nada puede cambiar el corazón del que comparte esos detalles, si esa persona no sabe lo que quiere, no es feliz y por ende, no sabe amar.  Tal vez tenía la mejor intención, pero no las agallas para luchar.  Las palabras de amor las escribió en la arena y las olas del mar las arrastraron, se las llevaron.  El dolor es inevitable, pero el aprendizaje es seguro.

Puede que tu corazón esté en pedazos y te sientas sin fuerzas para seguir. Tu sufrimiento no será para siempre, de cada relación atesora los momentos bonitos y lo que aprendiste, pero saca todo lo que te lastima y permite que Dios pueda restaurar tu corazón para que puedas volver a amar.

¿Te rompieron el corazón? ¿Qué hiciste para volver a amar?

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Sube y baja, sube y baja… No podía parar de mecerse  y entre carcajadas era evidente su felicidad. Era un capuyo que empezaba a crecer. A distancia se escuchaba la risa, era pícara y tierna a la vez.

Y seguía en el sube y baja. Sí, la niña jugaba. La inocencia era su dueña cuando le robaste ese primer beso y te amó. Poco a poco te entregó su corazón, el alma, sus sueños y su ser. Contigo vivió los momentos más hermosos y también instantes muy dolorosos.

Hoy la vida los lleva por senderos de incertidumbre, no hay un rumbo definido. Los océanos se imponen cual barrera entre los dos. A pesar de la distancia, el recuerdo sigue latente, fue tuya y se entregó a ti con gran pasión. Junto a ti creció, aprendió lo que es el amor y lo que es el perdón. Hoy no sabe si estás, si te fuiste y tampoco puede percibir si volverás.

El parque está solo, la niña vuelve a mecerse en el sube y baja.  No ve otra alternativa. Sigue jugando, pero las lágrimas aún corren por su rostro y se escucha un sollozo. En su interior no quisiera abandonar esa ilusión que la llevó al cielo y luego al infierno, pues le costó su inocencia. No hay respuesta y la niña desconoce si tiene tu querer o si todo fue un juego de amor.

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Muchos utilizan las palabras te amo para iniciar un juego, una relación pasajera, momentos de pasión desenfrenada y tantas otras cosas que no definen  lo maravillo y especial que es experimentar el verdadero amor.

Resulta que algunas personas no conocen el significado de la palabra amor y mucho menos pueden transmitir lo que es oculto para ellos.  Entonces, van por la vida diciendo que aman con palabras, pero demuestran todo lo contrario con sus hechos.  Y es triste porque hieren y lastiman tantos corazones de personas inocentes que entregan por completo el alma en la relación.  Las dejan con cicatrices que, en ocasiones, pueden quitarle el deseo de volver a amar. Mienten deliveradamente, viven dobles vidas, siembran negativamente sin darse cuenta que todo lo que sembramos eso vamos a cosechar. Y en ocasiones, su comportamiento los lleva a vengar de alguna manera el daño que otras personas le hicieron y que no pudieron superar.  Olvidan por completo el dolor que experimentaron cuando fueron ellos los traicionados y heridos.

Pero tengo algo que decirte, el amor no lo define el comportamiento de la persona que dijo que te amaba y luego te traicionó.  Una o varias experiencias dolorosas no deben quitar de tu corazón el deseo de amar.  No obstante, ya te había hablado de lo que es atreverse a amar y cómo cuidar de la relación en mi primera publicación de este blog.  Por lo tanto, no entraré en detalles.

Lo que sí puedo decirte es que creo en el amor, a pesar de lo que haya vivido en el pasado y de las personas que no supieron valorar el compromiso que implica la decisión de amar.  Hay que sanar el corazón y esperar en Dios, pues Él mejor que nadie nos conoce y sabe lo que necesitamos.

Hoy vi un video de una canción muy hermosa que quiero compartirles.  Es de la película Fireproof, basada en el libro El desafío del amor.  Una de las películas más bellas que he visto en cuanto a lo que es la realidad matrimonial y todo lo que se debe hacer para mantener viva esa llama del amor.

 La canción nos anima a seguir adelante y confiar aunque nuestros ojos no vean resultados.  Dios sabe lo que nos conviene y siempre nos da más de lo que podemos imaginar, especialmente si podemos aceptar el reto del amor verdadero.

Te reitero que no dejaré de creer en el amor porque conozco el significado y tengo la capacidad de amar.  Esa decisión es para valientes, para aquellos que saben comprometerse y luchar hasta el final.  No te canses de creer mientras esperas.

Y tú, ¿crees en el amor?

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Cuando llegaste al mundo,  ¿te recibieron con dolor? Lo más probable te dieron unas nalgadas para que llorarás y ahí comenzó tu aflicción.  Se supone que cuando salieras del vientre de tu madre te dieran una calurosa bienvenida, pero no fue así.  Tal vez esto suena jocoso, pero la realidad es que desde la infancia experimentas situaciones que van lacerando tu corazón.  Vives ciertas experiencias que te marcan.  Personas a las que amas te lastiman, te dicen palabras denigrantes o te traicionan, así porque sí.

En la casa, en la escuela, en tus relaciones familiares, entre amigos, en tu trabajo, siempre habrá vivencias que te llenarán de angustia.  Entonces, el problema no es el dolor que produce la situación en el momento, el conflicto real se da cuando crecen raíces de amargura y no puedes perdonar a quién te lastimó.  Quizás han transcurrido muchos años y te duele recordar lo que te pasó, aún puedes sentir odio y rencor, lloras como si volviera a ocurrir ese evento que te marcó.

Si te sientes identificado(a) con lo antes expuesto, o conoces a alguien que está viviendo todo lo que describí, puedes estár arrastrando cadenas de dolor que te tienen atado(a) al que te lastimó.  Entonces, tengo que hablarte del poder libertador del perdón.  Hay una frase muy popular que muchos utilizan y expresa lo siguiente hacia el que hace daño, “perdonar yo… que te perdone Dios”.  Y tengo que decirte que sí, Dios puede perdonar a esa persona, pero  tú, también, tienes que perdonar para que puedas sanar. Porque si no restauras tu vida puedes estar pasando la factura de tu dolor a  alguien inocente que no tiene la culpa de lo que te pasó.

 Hace un tiempo escuché a la periodista y escritora María Antonieta Collins narrar su historia.  Lágrimas bajaron por mi rostro mientras narraba lo que le ocurrió.  Ese día decidí ir a comprar el libro “Dijiste que me querías… cómo sobrellevar lo impensable”.  Allí pude leer cada detalle de cómo la historia más hermosa de amor se convirtió en la pesadilla más dolorosa que alguien pudiera experimentar.  Pero lo que me sorprendió fue cómo ella decidió pagar con amor la vil traición de su esposo.  Aunque la periodista admite que fue un proceso muy fuerte, plantea en su libro lo que hizo para poder perdonar y sanar tanto dolor.  Buscó ayuda profesional y espiritual.  Hay una parte en su libro que escribe Julio Bevione.  Allí él establece la necesidad de sanar el alma y perdonar de verdad.  Bevione dice que “perdonar es renunciar a tener razón para, en su lugar, tener paz“. Y no encontré una mejor forma de definir esta palabra que es un completo desafío para todo ser humano.

No sé quién te lastimó, no sé cuán grande es tu dolor, pero te invito a romper las cadenas del dolor a través del poder transformador del perdón.  Que es difícil…, ciertamente, lo es.  Pero no es imposible y te invito a seguir el ejemplo del maestro, nuestro señor Jesús, cuando dijo “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”.  Mira a ese o esa que te lastimó, haya sido intencional o inconcientemente, con ojos de misericordia. Piensa que no sabía lo que hacía, así que,  perdona su ofensa como Jesucristo te perdonó y perdonó a los que lo ofendieron.  No sigas arrastrando las cadenas del dolor, sé libre a través del perdón.

Lo primero que debes hacer es reconocer que alguien te hirió y que eso te causó dolor, has el ejercicio de perdonarlo.  Decide ahora… puedes escribir una carta, hacer una llamada (si la persona vive) o simplemente en oración dile a Dios:  perdono a (nombra a esa persona por su nombre) por (expresa qué fue lo que te hizo) y desde hoy desactivo el dolor que me causó, me declaro libre de esas cadenas en el nombre de Jesús, amén.

Te invito a que compartas alguna anécdota de perdón, cómo hiciste para sanar y cómo te sentiste después de hacerlo. Seguramente tu historia ayudará a otros a sanar también su corazón y romper las cadenas de dolor que arrastran.

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