Todos nos enamoramos, nos ilusionamos, creamos sueños que queremos cumplir con esa persona amada. Formamos novelas, películas e historias que nos encantaría finalizar con un: “…y vivieron felices por siempre“.
Pero en la vida real, a veces, el final no es así. Sin embargo, aún cuando experimentamos momentos dificiles en las relaciones, no dejamos de creer en lo bello y maravilloso de ese sentimiento. Así somos, no podemos vivir sin amor. Deseamos compartir nuestra vida con alguien que nos acepte como somos, que nos valore, respete, que nos brinde confianza y que deposite la suya en nosotros. No debemos pedir, ni conformarnos con menos.
Nacimos y vivimos por amor, por lo tanto, es parte fundamental de la vida. Es por eso que en una reflexión anterior te aseguré que creo en el amor y lo defiendo. Entonces, te preguntarás: ¿qué es lo que deseo transmitir ahora? La respuesta es sencilla: hay formas de amar que no necesariamente son las correctas y llevan en sí mucho dolor. Pero, en realidad el amor no duele. Lo que hiere, lastima y destruye es la acción de los que dicen amar.
De eso se trata esta reflexión. Pero antes, hay un principio bíblico que me gustaría utilizar y es “amarás a tu prójimo como a ti mismo“. No obstante, resulta que hay personas que tienen una manera extraña de amar, con sus palabras dicen una cosa, pero con sus actos demuestran otra. Y es que nadie puede compartir lo que no tiene, si una persona no se ama, tampoco puede amar. Cuando lo conoce te parece un ser maravilloso, pero luego se va transformando y terminamos por desconocerlo.
La sinceridad de una de mis lectoras me motiva a compartir algunos detalles de una relación que, sin duda, le ha causado mucho dolor. El propósito es que otras personas, que estén en situaciones similares, puedan salir de noviazgos o matrimonios dañinos.
Todos los que nos enamoramos iniciamos el noviazgo con muchas ilusiones y este caso no fue la excepción.
Él era una persona súper linda cuando estábamos bien en la relación, pero cuando habían problemas, él se convertía de una bella a una bestia, se tornaba arrogante y humillador.
La inseguridad y los complejos del joven llevó a la relación a un estado poco saludable. Se acabaron los detalles, las atenciones, y comenzó un distanciamiento emocional que trajo consigo hasta humillaciones. Lo que inició con gritos, desconfianza, celos, reclamos y palabras denigrantes terminó con violencia física.
Él siempre me decía, en el tiempo que estuvimos juntos, que nunca le pondría un dedo a una mujer, o sea, que jamás le pegaría a una mujer, pero ese día me dió en la cara y fuerte, me dijo que no le gustaba darle a una mujer, pero que me lo merecía.
Todos tenemos cualidades y defectos, pero nuestros errores no deben ser una justificación para un maltratante usar la violencia y mucho menos para la víctima aceptar dicha conducta. Quiero enfatizar, que nada, nada, nada, justifica la violencia, en ninguna de sus manifestaciones: emocional, sicológica, física o sexual.
En ocasiones anteriores he hablado de las distintas formas de la violencia doméstica en el matrimonio, pero hoy quiero compartirte
que ese sufrimiento puede comenzar en el noviazgo. Incluso, te podría asegurar que en muchos casos las primeras señales se dan en esa etapa, pero el enamoramiento ciega a algunas personas y no asimilan lo que están viviendo.
En este caso, tenemos a una joven que reconoce el daño que esa relación le causó y que, aunque le duela, sabe que lo mejor en esa situación es la separación. Dos de los aspectos que más se afecta es el autoconcepto (la imagen que tiene de si mismo) y la autoestima (el valor que nos damos a nosotros mismos).
Resulta que muchas veces nos repiten tanto que somos de tal o cual forma que terminamos por creerlo y aceptarlo, aún inconcientemente y por ende, nos quitamos valor. [Incluyo el enlace de un cuestionario para evaluar la autoestima]. A veces se nos hace más fácil encontrar los defectos que tenemos que las cualidades. Así que puedes hacer este ejercicio: busca cinco personas que te conozcan en distintos escenarios (familia, amigos, compañeros de trabajo, alguien de tu iglesia) que te escriban por lo menos cinco cualidades que tienes y cómo se reflejan, en qué forma las manifiestas. Te sorprenderás de lo que la gente ve en ti, pero lo más importante es lo que Dios ve de ti, eres especial tesoro, no lo olvides.
Siempre insisto en que la ayuda profesional y espiritual es muy importante para poder superar cualquier crisis y problema que experimentamos en la vida.
No permitas que experiencias como la que he descrito dañe tu autoestima, tu autoconcepto, que nada ni nadie te quite el valor que Dios te dio. El amor no hace daño, si estás viviendo situaciones que te lastiman, sal de ese patrón, busca ayuda y no permitas la violencia. En caso de que hayas terminado con la relación es importante que sanes tu corazón, fortalezcas tu autoestima y continúes con la vida porque todavía tienes más que vivir.
Tú puedes ser amada o amado como mereces. Comienza por ser feliz contigo. Aceptar que tienes virtudes y también debilidades. Que, en ocasiones, te puedes equivocar y cometer errores, pero que eso no te quita el valor que posees. Perdona a la persona que te lastimó, pero quiero aclarar que el perdón no significa volver a un patrón de maltrato. Lamentablemente, las personas violentas no cambian tan fácilmente y menos si no se someten a un tratamiento que incluya ayuda sicológica, espiritual, manejo de coraje, etc. Por más arrepentido(a) que llegue a ti, recuerda que tu vida es primero, te tienes que amar para poder dar amor a los demás.
Read Full Post »