Hola, sé que hace tiempo no sabes de mí, de lo que soy después que fuiste parte de mi vida. Confío en que estés bien y hayas alcanzado todos tus sueños. Tomé el papel y el lápiz, cosa que ya casi no se hace, pues quería decirte que hasta hace unos días fui una persona que se consideraba feliz, que lograba ciertos triunfos en la vida, mas le faltaba algo.
Había un vacío en mi interior que no permitía que pudiera completar mi felicidad, a pesar de que lo tengo todo, o al menos eso creía. Le pedí a Dios que me guiara, que me ayudara a encontrar lo que mi corazón ahnelaba. Luego de algún tiempo de hablar con el Creador, entendí a dónde dirigirme.
Subí las escaleras que me llevaban al cuarto donde guardo lo que no necesito en el momento. Fui al baúl de mis recuerdos buscando una respuesta. Queriendo encontrar lo que había extraviado y me tenía así.
Luego de muchos intentos, entre libros, carpetas y otras pertenencias que solemos guardar, descubrí un sobre con muchas cartas. Lo tomé en mis manos, le sacudí el polvo, mientras el desagradable olor a guardado se impregnaba en toda la habitación. Miré las misivas, allí se reflejaba el dolor de la infancia, la adolescencia y aún de la adultez. Cada una llevaba encima un nombre de alguna persona que, a pesar de que fue importante en mi vida, me había herido, lastimado, humillado o rechazado.
Me sorprendió encontrar tan amargos recuerdos, no era lo que buscaba. Pensé en todas las veces que había realizado el proceso de perdonarlos, y allí también estabas tú. Ya te había olvidado, estaba tan segura que te había perdonado, que no sabía qué imaginar. Seguí viviendo…., sí, así fue.
Mis pensamientos volaron a la cruz, imaginé a nuestro Señor cargando todo el dolor, el sufrimiento y el daño de la humanidad. Allí Él pagó el precio por ti, por lo que hiciste y también por mí. Cuando volví en si, estaba un poco aturdida, no sé qué pasó, no me podía explicar. Me senté en el viejo sillón de ratán, imagino que lo recuerdas, estaba en
el balcón de la casa de abuela mientras compartimos. Entonces, reflexioné. Decidí que iba a quemar cada carta y mientras el fuego las consumía recordaba solamente los momentos de felicidad junto a todos los protagonistas y antagonistas de mi vida, ya los había perdonado, pero sin querer dejé un espacio abierto para la inseguridad, la desconfianza y era eso lo que necesitaba cerrar.
El fuego consumió cada carta y mientras las cenizas volaban, se iba con ellas el vacío y los temores de mi corazón. Ahora sí te perdoné, puedo volver a mirarte, a darte un abrazo, a restablecer mi confianza en los demás y seguir adelante.
Sé que también he cometido errores, sin querer lastimé a otros y hoy quiero pedirles perdón, también a ti, espero que Dios sane toda herida que te pude haber causado.
Eso fue lo que me inspiró a escribirte, esta carta de perdón.
Nota de la autora: Recibe esta misiva en nombre de las personas que te han lastimado, sana hoy tu corazón y extiende tu perdón.
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