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Posts etiquetados ‘Separación’

Los límites del amor

Amor, una palabra profunda que muchos expresan, pero pocos conocen el significado. ¿Debe haber límites para el amor? No sé, tal vez en algunas ocasiones hay que pensar si esa relación que dice estar fundada en amor te hace bien o te hace mal. No dejo de insistir que creo en el amor y en el matrimonio, según lo establece Dios, eso no cambiará, pero en mi vida llegó el momento que tuve que aceptar la petición de divorcio.

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Un tema universal que todos hemos experimentado en mayor o menor magnitud y como he dicho antes, el amor nos eleva a los más hermosos sentimientos, pero también a nombre del amor podemos llorar lágrimas de sangre. Esto gracias a los que utilizan esa palabra sin profundidad, sin conocer lo que realmente representa.

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Estoy divorciada

Sí, soy una mujer divorciada y con ese título llegan muchas etiquetas y cuestionamientos de la sociedad, la familia, los amigos, en fin, de cualquiera que seguía tu vida de una forma u otra.  Las personas que compartían con la pareja divorciada les duele esa separación, se pueden sentir tristes, defraudados, sorprendidos, decepcionados, quisieran saber lo qué pasó y quizás lo hacen con la mejor intención. Pero les puedo decir que hay que respetar la vida, la intimidad de los demás y las decisiones que toman.

Los que me conocen saben que tuve un matrimonio feliz, claro con las altas y bajas que toda pareja experimenta.  Y mis confidentes y amistades más cercanas pueden confirmar que cada vez que tuve una crisis busqué ayuda espiritual y profesional para trabajarla.  Me mantengo diciendo que todo ese apoyo funciona cuando ambas personas están dispuestas a trabajar la situación y no lo hacen por obligación.  Afirmo que cada matrimonio debe buscar esas herramientas cuando enfrenta situaciones difíciles que no sabe manejar.

Siempre he promovido el bienestar de la pareja, el luchar por la relación porque creo en el amor. Si has leído mis escritos desde el inicio del blog, en muchas ocasiones he trabajado el tema del matrimonio y sigo pensando lo mismo con respecto a ese pacto que hacemos ante Dios y los hombres.  Yo también quería que mi matrimonio durara hasta que la muerte nos separara, pensé envejecer al lado del que hoy es mi ex esposo, pero no siempre las cosas ocurren como planificamos.

Es un tema del que no quería hablar porque el proceso es muy difícil y entiendo que no tengo que ventilar mi situación sentimental. Si lo hago es como parte del proceso de sanación y porque ciertas circunstancias me han obligado a romper el silencio.  Sí había compartido mucho de lo que experimenté en mis escritos desde el mes de septiembre del año pasado.

Una ruptura matrimonial es una pérdida en la que se llora y se sufre porque con ese divorcio se van todas las ilusiones y los sueños construidos.  Si hoy escribo sobre lo que vivo lo hago simplemente para que mis experiencias ayuden a otros que estén pasando por procesos similares, no me interesa ventilar mi vida públicamente con otro propósito y tampoco creo que tengo que dar detalles de lo experimentado.  Aquí no quiero hablar de razones ni de culpables, porque un matrimonio es cuestión de dos.  Y son esas dos personas las que conocen realmente lo que sucedió y la responsabilidad que corresponde a ambas.

De esta forma doy inicio a una serie de publicaciones sobre el costo del divorcio, los prejuicios de la sociedad, la familia y las diferentes etapas que se pueden vivir.  De mi proceso puedo decir que la ayuda espiritual y profesional ha sido fundamental para mantenerme de pie.  Sé que a muchos les cuesta creer que una persona que dé conferencias y dinámicas para matrimonios, tenga mis principios, valores y creencias pase por un divorcio, pero nadie está exento y sí, estoy divorciada.

Mi vida no ha terminado, al contrario, estoy en un nuevo nivel, soy feliz porque Dios ha estado conmigo en cada etapa de mi existencia, no me ha dejado y mis circunstancias no determinan quién soy, lo que valgo y hacia dónde voy a llegar, eso lo define el Creador, soy suya y mi ser le pertenece. Al contrario, lo que hoy vivo puede ser doloroso, pero para los que aman a Dios todas las cosas obran para bien.  Sé que mis vivencias han sido de bendición a mujeres que también les ha tocado enfrentar el divorcio y todos los prejuicios, señalamientos y sufrimiento que conlleva.

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Los nervios hacían estragos, era el momento de despedirse.  Maia todavía tenía en su rostro las marcas de las lágrimas que había derramado.  Entonces, Rodrigo no pensó más y le dio otro fuerte abrazo.  En esos instantes solamente quería poder leer los pensamientos más profundos de Maia.

- “Cuando estés lista para hablar, me llamas”.

- “Sí, lo haré”.

Maia prosiguió sin mirar atrás.  Esa madrugada no pudo dormir, solamente quería que amaneciera.   En la pared estaba el reloj marcando las horas, que pasaron lentamente…  Ya quería llamar a su amiga,  quién mejor que Sofía para escucharla.

Eran las 9:00 de la mañana, Sofía escuchó el timbre de su teléfono y contestó todavía medio dormida.  Era Maia, al escucharla solamente  recordó la confesión que le había hecho y que todavía no había podido procesar. Maia le explicó la razón de su llamada, comenzó a actualizar la historia y le contó de su encuentro con Rodrigo.  Así pasaron algunas horas debatiendo si debía decirle la verdad a él.

- “Amiga, todavía no sé qué decirte, tú debes decir si vale la pena callar…  Aunque, creo que estás exagerando un poco al pensar en la reacción de él…  Ya verás que ahora con la llegada de Rodrigo todo cambiará…, podrás demostrarle el amor que sientes”, trató de animarla Sofía.

Maia no estaba tan segura de cuál sería la respuesta de Rodrigo al conocer los detalles de lo ocurrido.  Antes de llamarlo quería sacar el dolor que sentía por la impotencia de no haber conquistado el corazón del hombre que amaba. Luego de unas horas, tomó el teléfono y marcó…

- “Rodrigo”

-”Maia, eres tú

-”¿Crees que podamos encontrarnos?

-”¿Te parece bien esta noche a las 7:00 frente al muelle?“.

-”Allí nos vemos”.

Se acercaba el momento, Maia seguía dilucidando qué le iba a decir.  Rodrigo llegó temprano y se sentó frente al muelle, ese lugar mágico donde se dio el primer encuentro.  Unos minutos después se acercó ella y se saludaron con algo de temor.  Él la vio más radiante y bella que el primer día, su corazón latía fuertemente, pero no quería desenfocarse.

-”Entonces, ¿ya pensaste lo que me vas a decir?”

- “Veo que te intriga conocer mi respuesta Rodrigo.  Deja ver cómo te lo digo porque no tengo el valor para engañarte, no está vez.  Ya te dije que te mentí en la carta y que te amo, pero…”

-”Sí Maia, eso ya me lo dijiste, pero no aclara mis interrogantes, quiero saber ¿qué pasó?”, interrumpió Rodrigo.

- “Aunque no lo creas, tú no estás enamorado de mí”, trató de explicarle Maia.

- “¿De qué hablas? Estás enredado las cosas. Tú no leíste mis cartas…, mejor no pude abrir mi corazón para expresarte lo que siento…”, irrumpió Rodrigo.

- “Si me permites, te puedo decir… – hubo una pausa y un respiro profundo – Esas cartas que recibiste podían transmitir lo que siento por ti, pero yo no las escribí…”

Ni los ataques de la guerra, ni la herida que le causó ese último suceso antes de regresar, habían logrado despertar en Rodrigo emociones tan profundas y dolorosas.  No podía creer lo que estaba escuchando, era una mezcla de incredulidad, intriga y frustración.  La pasión y el amor que habían crecido en su corazón durante esos meses eran solo una mentira.

-“¿Cómo?, ¿por qué no las escribiste?,¿quién las escribió?  ¡Por Dios, Maia…! – exclamó - primero me dices que no me amas, luego me dices que si me amas, ahora dices que no escribiste las cartas… Con tantas mentiras… ¿cuál entonces es la verdad?, ¿qué nos queda?, ¿qué clase de amor es el que dices sentir?”

Maia comenzó a sentir que el aire le faltaba, no sabía cómo esclarecer tanto enredo.  En el fondo de su corazón empezó a experimentar un vacío, una angustia muy profunda.   Sus inseguridades habían podido más que el amor, una vez más.  Su timidez y sus reservas la condenaban a fracasar en cada relación, no tenía suerte en el amor. 

Cuando Maia recibió la primera carta de Rodrigo y leyó cada una de las palabras, quiso decir tantas cosas, pero  no podía contestar con letras tan profundas, le faltaba la musa aunque todo su ser vibraba de emoción.  Sofía tenía el don de transmitir lo que anidaba en su corazón y esa fue la única solución que encontró para enamorar a Rodrigo.  Nunca había tenido tanto valor para enfrentarse con la verdad, como hasta ese momento, no era capaz de superar sus miedos y mostrar lo que escondía en sus adentros.

- “Mis palabras no son como las tuyas, no sabía qué decirte para que pudieras entender lo que había en mi corazón, lo siento…”, fueron sus últimas palabras.

Luego de pronunciar esas letras comenzó a alejarse, sin despedirse, ni siquiera podía mirar a los ojos a Rodrigo.

- “Lo único que quería era conocerte, saber quién era esa chica tímida a la que le robé el beso… y, ¿qué hiciste?, mentir. - subía su tono de voz Rodrigo - Ahora no sé a quién amo… -gritó- Maia te estoy hablando, no me vas a contestar...”

Maia se quedó en silencio, no podía decir ni una palabra más, ya le había costado bastante sincerarse por primera vez. Una vez más perdía la oportunidad de amar y ser correspondida.   Siguió caminando a prisa y sin retroceder.  Su destino ya estaba escrito para qué dilatarlo más…

Rodrigo quedó inmóvil allí frente al muelle donde comenzó la ilusión que despertó los más lindos sentimientos.  Frente a ese mismo mar donde se ahogaban todos los sueños que había construido.  Maia se perdió en la distancia y con ella se fue todo el amor que transmitían las cartas. 

Rodrigo miró hacia el banco donde se sentaron por vez primera.  Estaba vacío, solamente quedaba una caja con todas las misivas que alimentaron su corazón mientras estuvo en la guerra.

—-Fin—-

Esta es la última parte de la serie de cuentos de amor y ruptura, puedes leer los capítulos anteriores del cuento en los siguientes enlaces:

1. Cartas de amor y ruptura

2. Cartas y recuerdos

3. Letra a letra

4. Una guerra interior

5. Fin de la escaramuza

6. No hay palabras

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Todos los sucesos apuntaban a una velada mágica para Rodrigo, allí estaban las personas más importantes en su vida, incluyendo a Maia, a pesar de las sensaciones que experimentaba al tenerla frente a él. La miraba y no lo podía creer, pero su lucha interior era más fuerte y quería explotar…

- “Realmente no quiero prolongar más tu noche, creo que has llegado cansado y debes cuidar tu herida”, titubió Maia.

- “No te preocupes, hay otras heridas que quisiera atender primero“, le respondió, Rodrigo, enfáticamente.

Maia no encontraba cómo mirarlo, la respuesta a sus interrogantes fue contestada.  Definitivamente, Rodrigo había leído su última carta y ahora sí que no sabía qué decir.

- “Llevo semanas planificando este momento, pensando en las preguntas que te diría para descubrir tanto misterio“, continúo.

-”Rodrigo…”

- “Disculpa si estoy siendo demasiado sincero, pero no entendí lo que me decías en tu última carta, no era como las demás.  Eso me consternó y sí, quiero saber, ¿qué es lo que pasa?”,  interrumpió Rodrigo.

De momento el ambiente se tornó como un cementerio.  El amor que Maia sentía la quebró, no pudo soportar las reclamaciones de Rodrigo, él tenía razón en cuestionarla. 

- “No sé qué decirte, no tengo palabras”, fue lo único que se le ocurrió.

Rodrigo levantó la cabeza de Maia con su mano, de manera que pudiera mirarlo.  Sus ojos se enfrentaron fijamente.

-”Maia… solamente quiero saber, ¿qué te llevó a tomar esa decisión, qué fue lo que sucedió?

-”No sé si te hago más daño diciendo lo que siento en realidad. Y creo que los dos hemos sufrido”.

Rodrigo estaba abrumado, de qué sufrimiento hablaba Maia, porque el único que había sido lastimado era él.  

- “Aunque no me creas, lo único que te puedo decir es que mentí… yo te amo con todo mi corazón…”, continuó Maia.

El llanto se apoderó de ella, ¿qué le podía decir para aclarar la situación? Rodrigo la abrazó muy fuerte, pero ahora entendía menos.  Maia sabía que no podría sostener la mentira por mucho tiempo, pero ¿valdría la pena descubrir su verdad?

-”Maia, tus palabras me confunden más, pero si me amas como dices podemos conversar.  No tiene que ser ahora, veo que te afecta lo que sea que haya ocurrido y aunque me inquieta saberlo, no quiero presionarte“.

Esta es la sexta parte de la serie de cuentos de amor y ruptura, puedes leer la primera, segunda, tercera  cuarta y quinta parte del cuento en los siguientes enlaces:

1. Cartas de amor y ruptura

2. Cartas y recuerdos

3. Letra a letra

4. Una guerra interior

5. Fin de la escaramuza

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Rodrigo se preparaba para regresar a su Isla.  La guerra  finalizó para él. Ya su familia había recibido la noticia de que llegaría antes de tiempo.  La incertidumbre se apoderó de ellos.  ¿Qué pasaría realmente? ¿Cómo estaría Rodrigo en realidad?  La angustia no los dejaba vivir, ¿sería oportuno darle la noticia a Maia?  

La batalla se había tornado fuerte, una explosión afectó el buque.  De momento, los planes cambiaron, algunos marineros tendrían que quedarse.  Otros regresarían, pero no como lo tenían planificado.  Ese fue el caso de Rodrigo.  El ataque le había afectado.  Estaba herido, el dolor era fuerte, pero sabía que era una lesión que sanaría con el tiempo y no quería perder las esperanzas y la emoción que le producía el retorno. 

La estocada que le provocaba mayor sufrimiento fue esa última carta de su amada Maia. Aún así soñaba con el momento de pisar suelo boricua.  Las horas se tornaron lentas, pero llegó el fin de la escaramuza. De camino pensaba en todas las preguntas que quería hacerle a Maia y en las explicaciones que necesitaba.

La vida le había dado una segunda oportunidad y allí estaba, arrivando a San Juan. Toda la familia lo recibió llena de múltiples emociones.  Las lágrimas en sus ojos eran inevitables, la felicidad de tenerlo con vida y el sufrimiento de verlo herido se fundían entre los presentes.  Los besos, los abrazos y las palabras de amor rodeaban el ambiente. Rodrigo los saludó uno a uno a los que allí estaban.  Sin embargo, su vista buscaba a Maia. ¿Vendría a su encuentro?

La familia de Rodrigo le informó a Maia los detalles del recibimiento. Sin embargo, no podía tomar una decisión. Debatía  si, realmente, era oportuno que fuera a la actividad.  No podía dejar de pensar en la carta que le había enviado. 

- “¿La habrá recibido? ¿Y si se extravió? No, no puede ser, las cartas siempre le llegaban.  ¿Qué hago? ¿Me esperará allí?, ¿Cómo habrá llegado?, ¿Cómo estará su herida?”, eran algunas de las preguntas que divagaban en la mente de Maia.

La celebración por la llegada de Rodrigo siguió en su hogar, donde llegaron más amigos y familiares.  Las horas seguían pasando y Maia no aparecía.  Rodrigo pensó en buscar el papel arrugado donde aún guardaba sus datos, mientras estuvo en el buque no tuvo comunicación telefónica y se cuestionaba si debía llamarla. 

- “Merezco una respuesta”, pensó.

Ya era tarde y las visitas se despedían.

- “Rodrigo”…

- “Maia“…

No hubo palabras, todo lo que había planificado se derrumbó. Ambos se fundieron en un extenso abrazo, entre lágrimas.  Maia bajó su cabeza, como aquel primer día.

- “Rodrigo estoy feliz de verte bien”, dijo Maia con su particular timidez.

Hubo un silencio, los pensamientos encontrados de Rodrigo y la emoción de volver a verla se mezclaban en sus entrañas. Sin alzar su vista Maia intentó pronunciar algunas palabras, pero no podía, los sentimientos la traicionaron.  Tendrían mucho que hablar, mas no sabían cómo empezar.  Se miraban, lloraban, reían, era una sensación muy extraña para dos corazones que se amaban.

[Esta historia continuará...]

Esta es la quinta parte de la serie de cuentos de amor y ruptura, puedes leer la primera, segunda, tercera y cuarta parte del cuento en los siguientes enlaces:

1. Cartas de amor y ruptura

2. Cartas y recuerdos

3. Letra a letra

4. Una guerra interior

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