Los nervios hacían estragos, era el momento de despedirse. Maia todavía tenía en su rostro las marcas de las lágrimas que había derramado. Entonces, Rodrigo no pensó más y le dio otro fuerte abrazo. En esos instantes solamente quería poder leer los pensamientos más profundos de Maia.
- “Cuando estés lista para hablar, me llamas”.
- “Sí, lo haré”.
Maia prosiguió sin mirar atrás. Esa madrugada no pudo dormir, solamente quería que amaneciera. En la pared estaba el reloj marcando las horas, que pasaron lentamente… Ya quería llamar a su amiga, quién mejor que Sofía para escucharla.
Eran las 9:00 de la mañana, Sofía escuchó el timbre de su teléfono y contestó todavía medio dormida. Era Maia, al escucharla solamente recordó la confesión que le había hecho y que todavía no había podido procesar. Maia le explicó la razón de su llamada, comenzó a actualizar la historia y le contó de su encuentro con Rodrigo. Así pasaron algunas horas debatiendo si debía decirle la verdad a él.
- “Amiga, todavía no sé qué decirte, tú debes decir si vale la pena callar… Aunque, creo que estás exagerando un poco al pensar en la reacción de él… Ya verás que ahora con la llegada de Rodrigo todo cambiará…, podrás demostrarle el amor que sientes”, trató de animarla Sofía.
Maia no estaba tan segura de cuál sería la respuesta de Rodrigo al conocer los detalles de lo ocurrido. Antes de llamarlo quería sacar el dolor que sentía por la impotencia de no haber conquistado el corazón del hombre que amaba. Luego de unas horas, tomó el teléfono y marcó…
- “Rodrigo”
-”Maia, eres tú“
-”¿Crees que podamos encontrarnos?
-”¿Te parece bien esta noche a las 7:00 frente al muelle?“.
-”Allí nos vemos”.
Se acercaba el momento, Maia seguía dilucidando qué le iba a decir. Rodrigo llegó temprano y se sentó frente al muelle, ese lugar mágico donde se dio el primer encuentro. Unos minutos después se acercó ella y se saludaron con algo de temor. Él la vio más radiante y bella que el primer día, su corazón latía fuertemente, pero no quería desenfocarse.
-”Entonces, ¿ya pensaste lo que me vas a decir?”
- “Veo que te intriga conocer mi respuesta Rodrigo. Deja ver cómo te lo digo porque no tengo el valor para engañarte, no está vez. Ya te dije que te mentí en la carta y que te amo, pero…”
-”Sí Maia, eso ya me lo dijiste, pero no aclara mis interrogantes, quiero saber ¿qué pasó?”, interrumpió Rodrigo.
- “Aunque no lo creas, tú no estás enamorado de mí”, trató de explicarle Maia.
- “¿De qué hablas? Estás enredado las cosas. Tú no leíste mis cartas…, mejor no pude abrir mi corazón para expresarte lo que siento…”, irrumpió Rodrigo.
- “Si me permites, te puedo decir… – hubo una pausa y un respiro profundo – Esas cartas que recibiste podían transmitir lo que siento por ti, pero yo no las escribí…”
Ni los ataques de la guerra, ni la herida que le causó ese último suceso antes de regresar, habían logrado despertar en Rodrigo emociones tan profundas y dolorosas. No podía creer lo que estaba escuchando, era una mezcla de incredulidad, intriga y frustración. La pasión y el amor que habían crecido en su corazón durante esos meses eran solo una mentira.
-“¿Cómo?, ¿por qué no las escribiste?,¿quién las escribió? ¡Por Dios, Maia…! – exclamó - primero me dices que no me amas, luego me dices que si me amas, ahora dices que no escribiste las cartas… Con tantas mentiras… ¿cuál entonces es la verdad?, ¿qué nos queda?, ¿qué clase de amor es el que dices sentir…?”
Maia comenzó a sentir que el aire le faltaba, no sabía cómo esclarecer tanto enredo. En el fondo de su corazón empezó a experimentar un vacío, una angustia muy profunda. Sus inseguridades habían podido más que el amor, una vez más. Su timidez y sus reservas la condenaban a fracasar en cada relación, no tenía suerte en el amor.
Cuando Maia recibió la primera carta de Rodrigo y leyó cada una de las palabras, quiso decir tantas cosas, pero no podía contestar con letras tan profundas, le faltaba la musa aunque todo su ser vibraba de emoción. Sofía tenía el don de transmitir lo que anidaba en su corazón y esa fue la única solución que encontró para enamorar a Rodrigo. Nunca había tenido tanto valor para enfrentarse con la verdad, como hasta ese momento, no era capaz de superar sus miedos y mostrar lo que escondía en sus adentros.
- “Mis palabras no son como las tuyas, no sabía qué decirte para que pudieras entender lo que había en mi corazón, lo siento…”, fueron sus últimas palabras.
Luego de pronunciar esas letras comenzó a alejarse, sin despedirse, ni siquiera podía mirar a los ojos a Rodrigo.
- “Lo único que quería era conocerte, saber quién era esa chica tímida a la que le robé el beso… y, ¿qué hiciste?, mentir. - subía su tono de voz Rodrigo - Ahora no sé a quién amo… -gritó- Maia te estoy hablando, no me vas a contestar...”
Maia se quedó en silencio, no podía decir ni una palabra más, ya le había costado bastante sincerarse por primera vez. Una vez más perdía la oportunidad de amar y ser correspondida. Siguió caminando a prisa y sin retroceder. Su destino ya estaba escrito para qué dilatarlo más…
Rodrigo quedó inmóvil allí frente al muelle donde comenzó la ilusión que despertó los más lindos sentimientos. Frente a ese mismo mar donde se ahogaban todos los sueños que había construido. Maia se perdió en la distancia y con ella se fue todo el amor que transmitían las cartas.
Rodrigo miró hacia el banco donde se sentaron por vez primera. Estaba vacío, solamente quedaba una caja con todas las misivas que alimentaron su corazón mientras estuvo en la guerra.
—-Fin—-
Esta es la última parte de la serie de cuentos de amor y ruptura, puedes leer los capítulos anteriores del cuento en los siguientes enlaces:
1. Cartas de amor y ruptura
2. Cartas y recuerdos
3. Letra a letra
4. Una guerra interior
5. Fin de la escaramuza
6. No hay palabras
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