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Posts etiquetados ‘Pasión’

Uno de los días más tristes de su vida llegaba al final y con él se iban todas sus ilusiones, sus sueños y metas, allí había enterrado su gran amor.  Ni los títulos universitarios, los reconocimientos recibidos, ni siquiera el apoyo de sus más cercanos amigos y familiares podrían apaciguar el dolor de sus entrañas.  No tenía aliento, los latidos de su corazón se habían paralizado con el sonar de la caja que fue bajada lentamente en el pantión.  De momento, se cerró la foza, su cuerpo se extremeció y sus pensamientos levitaban.

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Las semanas fueron eternas, pero ya estaba de vuelta.

-¿Habría leído el poema? ¿Le habrá conmovido? ¿Sentiría lo que le quería transmitir?

Xiomara navegaba entre un mar de preguntas sin respuestas, mientras aguardaba la llegada del profesor Barrientos. Su ausencia esos días todavía era un misterio.  Faltaban 10 minutos para iniciar la clase, su mentor debía estar por llegar y ella no podía esperar un segundo más para verlo y confirmar que estaba bien.  Como una niña enamorada sabía que la magia de escucharlo en clases volvería a su corazón.

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Un tema universal que todos hemos experimentado en mayor o menor magnitud y como he dicho antes, el amor nos eleva a los más hermosos sentimientos, pero también a nombre del amor podemos llorar lágrimas de sangre. Esto gracias a los que utilizan esa palabra sin profundidad, sin conocer lo que realmente representa.

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Mil ideas cruzaban por la mente de Xiomara.

- ¿Qué pasaría con el profesor? ¿Estaría bien?

De momento, sus pensamientos volaron y se imaginaba terminando la clase y compartiendo con el profesor Barriento una de sus inspiraciones.

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El salón aún estaba vacío y algo frío.  Llegó temprano, como de costumbre, para poder sentarse en primera fila.  Necesitaba estar en un asiento privilegiado para aprender de literatura, pero más todavía para disfrutar de cada palabra que pronunciaba el profesor Esteban Barrientos. Ese hombre alto, serio con una mirada profunda y muy atractivo, que tenía unos 37 años de edad. Su pasión por la literatura lo llevó a hacer un doctorado en Letras, que obtuvo en la Universidad de Murcia.

A ella le llamaba la atención que era bien profesional, mantenía distancia y respeto con sus estudiantes.  Además, transmitía gran pasión por la materia que enseñaba. Sin embargo, su vida personal era todo un misterio.

El curso del profesor Barrientos siempre estaba lleno, se había convertido en un reto para muchos estudiantes de filosofía y letras.  Aunque sus padres hubiesen querido que fuera médico o abogado, el amor y la pasión por la palabra escrita pudieron más que toda la presión familiar y allí estaba en la Universidad de Salamanca, impartiendo el pan de la enseñanza.

Xiomara González tenía 18 años, era una joven común con gustos concernientes a su edad por lo que jamás imaginó que un curso de literatura fuera tan importante en su vida. Cada clase se había transformado en el alimento que llenaba su alma.  Ahora sus días tenían un significado distinto, especial y estaban colmados de mucha ilusión.  No podía creer que relatos como los discutidos en clase la llevaran a soñar.

Ya en el salón, se acomodó en aquella silla que tenía parecía tener su nombre, ese espacio donde su alma podía transportarse a los espacios más lejanos del universo.  Sus pensamientos comenzaban a volar, pensaba que tenía a su mentor de frente y lo escuchaba leer los cuentos y las novelas con una pasión indescriptible. Xiomara hizo su asignación y estaba lista para desbordar todo lo que le inspiraba ese último texto que les había encomendado leer.  Ella era una excelente estudiante, pero en esa clase participaba con algo de timidez.

De momento, entraron los alumnos.  Miró su reloj con ojos de tristeza, los minutos pasaban muy lentamente y el profesor no llegaba.  Él era puntual y muy responsable con su clase, por lo que una angustia se apoderó de su ser.  No era posible que ese día le faltara el nutriente a su corazón.

[Continuará...]

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Sube y baja, sube y baja… No podía parar de mecerse  y entre carcajadas era evidente su felicidad. Era un capuyo que empezaba a crecer. A distancia se escuchaba la risa, era pícara y tierna a la vez.

Y seguía en el sube y baja. Sí, la niña jugaba. La inocencia era su dueña cuando le robaste ese primer beso y te amó. Poco a poco te entregó su corazón, el alma, sus sueños y su ser. Contigo vivió los momentos más hermosos y también instantes muy dolorosos.

Hoy la vida los lleva por senderos de incertidumbre, no hay un rumbo definido. Los océanos se imponen cual barrera entre los dos. A pesar de la distancia, el recuerdo sigue latente, fue tuya y se entregó a ti con gran pasión. Junto a ti creció, aprendió lo que es el amor y lo que es el perdón. Hoy no sabe si estás, si te fuiste y tampoco puede percibir si volverás.

El parque está solo, la niña vuelve a mecerse en el sube y baja.  No ve otra alternativa. Sigue jugando, pero las lágrimas aún corren por su rostro y se escucha un sollozo. En su interior no quisiera abandonar esa ilusión que la llevó al cielo y luego al infierno, pues le costó su inocencia. No hay respuesta y la niña desconoce si tiene tu querer o si todo fue un juego de amor.

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