(4) La pesadilla

Uno de los días más tristes de su vida llegaba al final y con él se iban todas sus ilusiones, sus sueños y metas, allí había enterrado su gran amor.  Ni los títulos universitarios, los reconocimientos recibidos, ni siquiera el apoyo de sus más cercanos amigos y familiares podrían apaciguar el dolor de sus entrañas.…

Expectativas

Ciertamente el otoño terminó, el invierno azotó con furia, pero llegó la primavera y he visto mi vida resurgir y florecer.  Ya en el verano surgen nuevas oportunidades, puertas que se abren y que me demuestran la fidelidad del Creador.

(3) El brillo de sus ojos

Las semanas fueron eternas, pero ya estaba de vuelta. –¿Habría leído el poema? ¿Le habrá conmovido? ¿Sentiría lo que le quería transmitir? Xiomara navegaba entre un mar de preguntas sin respuestas, mientras aguardaba la llegada del profesor Barrientos. Su ausencia esos días todavía era un misterio.  Faltaban 10 minutos para iniciar la clase, su mentor debía…

(2) Cada letra en sus sueños

Mil ideas cruzaban por la mente de Xiomara. – ¿Qué pasaría con el profesor? ¿Estaría bien? De momento, sus pensamientos volaron y se imaginaba terminando la clase y compartiendo con el profesor Barriento una de sus inspiraciones.

¿Dónde está tu niño(a)?

La inocencia con la que viviste, la pasión que experimentabas al realizar actividades sencillas y la ilusión que provocaba el solo hecho de despertar, no tienen que morir. La creatividad que te llevaba a hacer “de tripas, corazones” y la felicidad que provocaba ese viaje a lo fantástico e inimaginable, no tienen que desaparecer.

(1) Amante de la literatura

El salón aún estaba vacío y algo frío.  Llegó temprano, como de costumbre, para poder sentarse en primera fila.  Necesitaba estar en un asiento privilegiado para aprender de literatura, pero más todavía para disfrutar de cada palabra que pronunciaba el profesor Esteban Barrientos. Ese hombre alto, serio con una mirada profunda y muy atractivo, que tenía…

Juego de amor

Sube y baja, sube y baja… No podía parar de mecerse  y entre carcajadas era evidente su felicidad. Era un capuyo que empezaba a crecer. A distancia se escuchaba la risa, era pícara y tierna a la vez. Y seguía en el sube y baja. Sí, la niña jugaba. La inocencia era su dueña cuando…