Juego de amor

Sube y baja, sube y baja… No podía parar de mecerse  y entre carcajadas era evidente su felicidad. Era un capuyo que empezaba a crecer. A distancia se escuchaba la risa, era pícara y tierna a la vez. Y seguía en el sube y baja. Sí, la niña jugaba. La inocencia era su dueña cuando…