Pirikí, una historia de amor y dolor

Era una de esas visitas ocasionales a casa de uno de mis tios.  Recuerdo que un pollito caminaba por la casa, era bebecito, muy hermoso.  Mis hermanos y yo nos volvimos locos con él.  Así que mi tío decidió regalarnos a nuestra mascota, Pirikí.  Nació milagrosamente porque su madre, fue una de esas malas madres que abandonan sus hijos. 

Han pasado como 22 ó 23 años, desde que la historia sucedió y aún lo recuerdo como si fuera ayer.  Mamá gallina abandonó su huevo.  Entonces mi tío lo encontró y lo colocó detrás de la nevera.  Ese objeto que utilizamos para guardar la comida le permitió la vida a nuestra mascota. 

Nos llevamos el pollito a casa, lo tratamos como un rey, comida, juegos, comodidad, limpieza… era nuestro proyecto de vida.  Tenía un espejo para que no se sintiera solo y el muy narcisista no dejaba de mirarse y picarse.  Pirikí creció y era un gallito muy jugetón, pero ya no podía vivir con nosotros en el apartamento.  Mi mamá le pidió a otro de nuestros tíos que cuidara de Pirikí. 

Así fue por algún tiempo, pero resultó un gallito muy travieso y le dañaba el producto de la siembra a mi tío.  Mami recibió una llamada en la que le explicaba la situación y que le pedía que tomara una decisión al respecto.  Nosotros nunca supimos del problema y menos de la “solución”.

Un día mi mamá hizo un pollo asado.  Ella pocas veces prendía el horno, solamente en ocasiones especiales para evitar que la factura de la luz subiera.  Todos comimos, estaba delicioso, pero ni mami ni papi lo probaron.  Yo, como era carnívora (mejor dicho, soy), pues aproveché y comí todo lo que pude, nunca olvido que me tocó el corazón.

Esa noche hubo una reunión familiar.  Mis padres nos dieron la triste noticia, Pirikí había sido sacrificado y nosotros (sin saberlo) nos lo habíamos comido.  De más está decir que todavía me da tristeza recordarlo, todos lloramos con gran dolor en el alma y yo no podía dejar de pensar que me había comido su corazón.

Las mascotas son parte importante de las familias, se convierten en un miembro más.  ¿Qué anécdota tienes de tus mascotas? No tiene que ser tan trágica como la mía, pueden ser recuerdos bonitos o de travesuras.  ¿Qué te parece?  Te animas a contarlo…

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12 comentarios en “Pirikí, una historia de amor y dolor

  1. Un poco cruel darles a comer el pollito (que ya no era pollito) o por lo menos no se los hubieran dicho, me dio pena.
    Mi mascota favorita fue una dulce gatita, era la mascota de todos pero por alguna razón fue muy apegada a mi, siempre me esperaba que llegara de la escuela, y hacia una fiesta cuando me veía, y me seguía por toda la casa, mi mama decía “esa gata se cree perro y además faldero” .Cuando hacia frío en las noches, me calentaba los pies como si supiera que siempre estaban helados, lo que más recuerdo con mucho cariño es que cuando yo me sentía un poco triste, ella se acercaba sin que la llamara, daba un brinco para subir a mi regazo ponía sus patitas en mi pecho hasta poner su cara frente a la mía, me miraba y maullaba insistentemente, era algo asi como -¡Ey ¿Que pasa?- Acto seguido saltaba al piso y se echaba patas arriba dando vueltas, invitandome a jugar con ella, esa era su manera de animarme. Ella creció conmigo, solo que ella más rápido que yo, envejeció sus ojos chispeantes perdieron su luz y aun me seguía guiada por mi voz, aunque ya no veía, era capaz de llevar su vida normal hasta donde su agilidad se lo permitía, trepaba árboles y cazaba alguno que otro pájaro despistado.(repito, sin ver)
    Cuando ella murió una mañana, el espacio reservado en mi corazón para amar a una mascota quedó cerrado para siempre. No hay y creo que no habra nunca, una gatita tan bella, hermosa, tierna y dulce como ella.
    Llevo un pequeño recuerdito de ella en mi pecho 😉 una línea blanca, un pequeño rasguño de la ocasión que se le paso la pata cuando jugabamos.

    • Qué bonitos recuerdos tienes de tu gatita, gracias por compartirlos. Las mascotas son parte de nuestra vida y sufrimos la pérdida como cualquier otra de alguien que amamos, pero quedan grabados en nuestra mente los buenos momentos y ellos siguen vivos en nuestros corazones. Nos seguimos leyendo.

  2. Vaya!! tu historia me es muy familiar, en mi casa acostumbraban criar pollos, patos y una vez hasta un cerdo… el día que iban a “comerlo” para mi fue terrible, estaría demás decir que no probaba ninguna carne de estas… me producía espanto… te cuento que mis hermanos no se afectaban así. Por mi parte casi me volví vegetariana, jeje

  3. Que triste! A mi me pasó algo similar en mi infancia… tenía un tío al que seguido le daban pollitos y nos llegó a regalar en unas 3 ocasiones uno a cada sobrina, yo los cuidaba bien, pero a mi mamá no le gustaban los animales en la casa y se los daba a otra prima de mi edad, lo cual era horrible para mí, no por que me quedará sin mascota, sino por que ya sabía que a esa prima se le morían hasta las plantas, así que cuando le daban algún animalito mío ya sabía que iba a su muerte 😦

    Los papás pueden llegar a ser insensibles con esas cosas…

    • Creo que a veces los padres no entienden el significado que tienen las mascotas para los niños, no creoq ue lo hagan con maldad, simplemente no están conscientes de las repercusiones y del sentimiento de pérdida que pueden experimentar los menores. Qué triste también tu experiencia!!

  4. Nos hablaste de esta historia. Ya que no comieron ellos, podían no haberoslo contado…

    Yo, en mi infancia, tenía un loro. Lo sacábamos de la jaula, y se metía cuando se lo ordenábamos. Una noche se nos olvidó fuera, y se puso a gritar para que fuéramos a ordenarle que se metiera en la jaula. No se le ocurrió que podía entrar sin que se lo dijéramos.

    Saludos.

    • Sí Alan, ésta es una de esas historias que llevan tiempo en el archivo y voy sacando poco a poco. Pues mis padres sabían que tarde o temprano nos ibamos a enterar de la terrible noticia y pues nos lo dijeron. Me pareció genial la historia de tu loro, era muy obediente y respetuoso con sus amos jaja!!

  5. Recuerdo a una gatita, cuando era pequeña le gustaba estar en lugares calientitos, en ese tiempo tenía una computadora de escritorio (de esa con monitores grandes) y le gustaba dormirse encima, mientras yo hacía mi tarea. :’)

  6. u_U

    Yo tenía un hermoso perro labrador, siempre me cuidaba y alguna persona con mala pinta que se me acercara, él se mantenía sentado a mi lado, esperando… oh… era maravilloso, el muy loco y travieso, subia y jugaba en los toboganes del parque… me encantaba verlo correr por la pelota, una mascota genial que hasta la fecha extraño, era, será.

    Saludos.- ♪♪♫♫

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