Ni una más, basta ya.

 

  

La violencia no tiene limitaciones.

 

Todo parece color de rosa, el hombre que soñaste unió su vida a ti.  De pronto, la luna de miel se va transformando y no sabes porqué.  Pero, no se trata de estatus social, nivel económico, preparación académica, profesión, sexo, ni religión.  Es un mal que afecta a todos por igual. Comienza con palabras fuertes, luego un empujoncito, después te aislan y finalmente, si no sales del ciclo, te matan; así es el círculo de la violencia doméstica.   

    

 Me casé con la idea de durar para toda la vida y recibí la sorpresa de que la persona que mostró tanta dulzura durante el noviazgo me trataba mal, me celaba y trataba de alejarme de todos.  

 De esa manera, inició el patrón de violencia doméstica en la vida de una amiga, a la que agradezco su valentía y el deseo de compartir su historia para ayudar a otras personas que puedan estar viviendo lo que sufrió.  Tratar de describir lo que pasó es realmente difícil, sólo una persona que ha estado en esa posición puede imaginar las escenas que recuerda de su experiencia.     

Comenzó a gritarme,  me culpaba a mí, decía que yo era una mala mujer y hasta criticaba mis creencias religiosas.  

Las palabras y el comportamiento de quien fuera su esposo afectaron su autoestima.  De esa forma, “yo caí en una horrible depresión por sus tratos y debido a la muerte de mi primera hijita”, precisó.  El patrón continuaba, pero él estaba arrepentido.    

Siempre al otro día me pedía perdón y me trataba de llevar a salir o a comer y se ponía bien cariñoso.   

Luego quedé embarazada de mi segundo bebé, él continuaba tratándome mal e intentó pegarme, pero yo lo saqué de la casa.  Pasé mi embarazo, casi completo, sola y crié mi bebé sola hasta su añito y dos meses. Pero mi corazón aún lo amaba y añoraba a mi bebé con su papá”, recordó.   

El agresor tiende a tratar de convencer a la víctima sobre su transformación. “Él me juró que había cambiado, que buscaríamos ayuda matrimonial, que iríamos a la iglesia y volví con él dándole mi confianza nuevamente”, expresó sobre un intento para salvar su matrimonio.

 Sin embargo, el patrón de maltrato continuó.  “Él vino para gritarme frente a mi hijo, su hijo; para hablarme mal y yo seguía con él, pues quedé embarazada de nuevo. Nunca fue a la iglesia ni a buscar ayuda. Pero él continuó tratándome mal, empujándome y gritándome frente al niño y a mi mamá. Mi hijo, mi mamá y yo sufríamos mucho; hasta me ofrecía golpearme y un día agredió la muñeca de mi mano y entonces lo eché”, explicó.

 No obstante, es importante destacar que siempre hay una oportunidad para salir del ciclo de violencia doméstica.  Puedes empezar de nuevo, la felicidad es una alternativa en tu vida, pues no naciste para sufrir. Hubo dos razones que la impulsaron a salir del maltrato en que vivía. Según aseguró, rompió con el ciclo porque no quería ser complice del sufrimiento de su hijo y “porque murió una mujer a manos de un hombre en esos días y  él ya había llegado al abuso físico”.
 

Definitivamente la ayuda psicológica, el apoyo de la familia y la iglesia fue transcendental en el proceso de restauración.   “Mi corazón es realmente lo que se ha hecho más dificil de recuperar, pues es el padre de mis hijos y tengo muchos sentimientos encontrados y de rabia, pero el amor por mis niños me sana las heridas y me llena de felicidad”, dijo.

 La vida continúa,  “mi bebé y yo somos felices, ahora tengo dos bebitos.  Vivo feliz con Dios siempre ayudándome. Creí que no viviría feliz sin él, pero dejé de amarlo aún viviendo con él y ahora soy muy feliz”.  

 A las personas que estén viviendo cualquier tipo de maltrato les exhortó: “salgan de ese tipo de vida ya, que hay una nueva vida”.   

 Esa forma de amar de ellos (el agresor) te mata interiormente o te mata físicamente, concluyó.  

 Nota de la editora:  Me pregunto: ¿Hasta cuándo tanto maltrato? ¿cuántos hijos tienen que quedar huérfanos? ¿cuántas familias tendrán que sufrir el dolor de una pérdida tan desgarrante? 

 

    

      

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4 comentarios en “Ni una más, basta ya.

  1. Pingback: Qué forma de “amar”! | TU VIDA SI IMPORTA

  2. En ese circulo de violencia; solo uno lo puede detener, no hay nadie mas; uno debe tomar la decision de no permitir q. nadie nos lastime y cuando hay hijos envueltos mas todavia; hay q. tomar una decision asertiva. Porq. se afectan y vuelve la cadena q. esta en nosotras romper. Todo se repite si uno no detiene esto!

    Y aquellas mujeres q. salen de una relación maltratante o negativa y vuelven a caer con otra pareja igual o peor; deben de evaluarse y buscar ayuda; porq. la mayoria de las veces estamos arastrando violencia vivida en la niñez y no se dan cuenta de q. luego buscan esas clases de parejas en su vida! Hay q. cojerlo con calma y evaluar a esa futura pareja! Y la q. este viviendo una situación de violencia q. busque ayuda porque la hay. Y mujer en mi opinion: si sales de una relacion maltratante: es duro pero alejate, mudate, busca apoyo de otros. habla todo lo q. puedas para q. otros esten al tanto y te puedan brindar ayuda, sino hablas nadie lo sabra y no te podran ayudar! En primer lugar Mujer: Amate y piensa en ti! porq. todas valemos mucho! Dios nos hizo con un proposito de realizarnos, ser felices y amadas! Muy bueno el artículo!

  3. “La historia es nuestra, y la hace los pueblos”, son palabras del derrocado presidente chileno Salvador Allende. Aunque lo dijo hace varias décadas y en un país distante y distinto a Puerto Rico, su voz no ha perdido vigencia. Somos nosotros los que podemos poner un alto y decir definitivamente BASTA YA! Hay que vivir!!!

    La violencia doméstica es un mal, un problema colectivo que afecta a toda la familia, comunidad y por consiguiente a toda una sociedad. No esperemos por compromisos políticos, no soñemos con que alguna administración lo solucionará, pues los sueños sueños son.

    Puerto Rico no necesita palabras, mas si, merece hechos y resultados. Y podemos obtenerlos si educamos a nuestras familias y comunidades.

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