Paternidad y maternidad… ¿por elección o imposición? I

¡Llegó la cigüeña!

Desde niños jugamos a papá y mamá, y hasta decimos cuántos hijos vamos a tener.  Yo le tengo nombre a mis cuatro hijos, claro, lo hice cuando era una adolescente y no sabía lo mucho que costaba tener un hijo y la responsabilidad tan grande que conlleva.  Entonces, mientras crecía desperté a la realidad de que tal vez cuatro no es un buen número, con dos podría ser suficiente y en el peor de los casos, uno. 

Ahora bien, tales son las contradicciones de la vida que los que no buscan hijos, tienen por montones y los que realmente quieren tenerlos no necesariamente pueden.  No obstante, nadie se escapa de la tradicional presión de la sociedad y de la familia.  Primero, te preguntan ¿cuándo tendrás novio(a)?; luego, ¿cuándo te casarás?; después, ¿cuándo tendrás tu primer hijo?  Si llega el primogénito, entonces la interrogante es ¿cuándo llegará el hermanito?  Es clásico, muchos se pueden identificar con esta “divertida” cadena de presiones.  Digo divertida, sí, para los que no hacen otra cosa que estar pendiente de tu vida y ajorarte para que llegues a cada etapa lo antes posible.

Sin embargo, quiero compartir contigo algunas historias, que te pueden parecer familiar.

Historia # 1: Sorpresa.. ¡Estás esperando un hijo!

Llegó y no lo esperaba, no sé si era el momento correcto, todavía lucho por saber si realmente lo quiero tener. No lo planifiqué, por qué llegó en este momento.  Estoy tratando de realizar mis sueños, ¿cabe un intruso en mi vida?  Lleva tres meses en mi barriga y ya quiere salir, pero por qué… ¡Oh, no! está poniendo en riesgo mi vida y finalmente a los siete meses tiene que salir.  Dios, pero mira su cuerpecito, está cruxificado con tantas agujas, sueros, de la cabeza a los pies.  ¿Sobrevivirá, será un niño normal, qué pasará? Su pequeña manita aprieta mis dedos… no puedo contener las lágrimas, sentimientos encontrados están luchando en mi interior. ¿Hasta cuándo estará en el hospital?  Ya quiero regresar a casa y descansar. Dije descanso… ¡Error! esa palabra está fuera del diccionario maternal.

Historia #2: ¡Al fin llegó el primer hijo!

Ya cumplí cinco años de casada, desde el noviazgo dijimos que queríamos tener una linda familia, ya he realizado mi vida profesional, tengo la madurez que necesito, quiero tener un hijo.  ¡A practicar se ha dicho!  Un día sí, un día no, un día sí, un día no, pasan los meses y nada, pasó un año y nada.  Luego de varias pruebas médicas descubrimos que la maternidad y paternidad será un reto bien grande porque fisicamente hay factores que lo impiden, pero no me daré por vencida.  Pasan los años y cuando menos lo esperaba, se suspendió la menstruación… una prueba casera dice que estoy embarazada, ¿entiendes?, ¡estoy embarazada! Hemos vivido para este momento, llegó el gran día, el primer sonograma, hoy escuché los latidos de su corazón. No puedo dejar de llorar… ¡la emoción es inexplicable! Ya se acerca el gran día y no puedo esperar para ver su rostro, tocar sus diminutas manitos y darle el primer abrazo de bienvenida. ¿Seré una buena madre?

En ambos casos, llega un hijo al hogar, planificado o no, cambiará la vida familiar para siempre.  En ocasiones, llegan saludables, en otros momentos llegan con ciertas condiciones médicas, problemas de aprendizaje y tantas situaciones que jamás soñaste vivir y tienes que enfrentarlo.  Un niño o una niña, no importa cómo llegue al mundo es una bendición.

Sin embargo, la decisión de ser padres debe ser de la pareja y no de los que le rodean.  Después de todo, son los padres los únicos responsables de la crianza y de cubrir las necesidades de los niños.  Por lo tanto, tener un hijo no debe convertirse en una obsesión.  Cada matrimonio puede planificar cuál considera el tiempo adecuado para tener hijos, pero si no llegan no deben presionarse.  Dios sabe cuál es el momento preciso para que llegue ese ser especial. No hay un tiempo humanamente planificado que sea perfecto, ni la edad, ni la posición económica, ni la preparación académica podrán determinar el instante ideal para la maternidad o la paternidad.  Claro, todos esos factores pueden ayudar, pero no  garantizan que tengas las herramientas necesarias.  Así que no cedas a las presiones de la edad, la familia, los amigos o la sociedad.  Todo llega en el tiempo perfecto de Dios, ni antes ni después.

Comparte tu historia, la paternidad o maternidad llegó ¿ por elección o imposición? ¿ Cómo te sentiste con la llegada de tu primer bebé?  O por el contrario, si no has podido ser padre o madre y quieres compartir tu historia, dínos si te has sentido presionado(a) por alguno de los componentes de la sociedad antes mencionado.  ¿Cómo has trabajado con la presión?

Nota de la Editora:  Esta es la primera de una serie de reflexiones sobre el tema de la paternidad y la maternidad.

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Un comentario en “Paternidad y maternidad… ¿por elección o imposición? I

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