La vida está llena de lecciones, que nos llevan a un aprendizaje, pero luego
seremos probados y tomaremos exámenes para confirmar si entendimos la instrucción. Aquí te comparto algunas enseñanzas que me han ayudado a formar mi caracter y a ser quién soy.
Aprendí que:
Cuando vine al mundo llegué sola, en el proceso encontré una familia y escogí amigos, pero no siempre van a estar. Son en los momentos de dolor, de dificultad y enfermedad que conoces quiénes son tus verdaderos amigos. Sin embargo, hay un amigo que nunca nos abandona y es Dios.
Aprendí que:
Los momentos de dolor llegarán sin avisar. Las lágrimas que brotan por mis ojos son necesarias para limpiar mi corazón. Pero después que pase la tormenta saldrá un arcoiris que confirma la promesa de que mi vida continúa.
Aprendí que:
Nunca conocerás el interior de la persona que amas y te puedes llevar sorpresas, algunas agradables y otras que te destrozarán el corazón. Sin embargo, hay uno que está dispuesto a comenzar de cero, a recoger cada pedazo y darte un corazón nuevo, ese es Dios. Además, cuando perdonas, puedes liberarte del sufrimiento y ser feliz a pesar del pasado.
Aprendí que:
Una palabra de amor, un detalle por sencillo que parezca, un instante de pasión y un momento de intimidad puede mantener viva la llama del amor en el matrimonio. Cuando te entregas de corazón tienes la satisfacción de que cumpliste con tu parte. No obstante, nacimos para amar y ser amados, si alguien no valora tu presencia, quizás es momento que le brindes tu ausencia.
Aprendí que:
No vinimos a ser servidos, nacimos con un propósito especial. Nuestro destino nos debe llevar a imitar al Señor, estamos aquí para servir. Por lo tanto, en nuestros planes debe estar algún acto que mejore a un individuo, a la comunidad y al País. Ahí está la riqueza mayor de la vida, pues la satisfacción que da el servir no hay nada que la pueda sustituir. Hay personas que son infelices porque no han descubierto lo mucho que pueden dar y aportar.
Aprendí que:
Una sonrisa puede transformar la vida del que la recibe, quitarle la tristeza y llenarle de esperanza. ¿Qué esperas para regalarla?
Aprendí que:
Una buena intención es importante, pero si no se materializa no trasciende ni logra el propósito para la que fue creada. Corre y dale un poco de ti a quién lo necesita. Ama sin temor, ríe y sueña, pero convierte esos sueños en realidad.
Hoy he compartido algunas lecciones de vida, pero me gustaría que pudieras dejar tu comentario y decirnos ¿qué has aprendido en este caminar? Tu aprendizaje me puede dar una gran enseñanza, anda ¡compártelo!






