¡Quiero ser flaca, pero no tengo dinero!
Nota de la autora: Esta es la primera parte de la serie ¿Gorda o flaca? … ¡el gran dilema!
“¡A quién le amarga un dulce!” La realidad es que a muchos nos encanta comer. La comida es una de las
delicias que más placer produce en la vida. Ahora bien, unos tienen la dicha de tener un metabolismo excelente que les permite mantenerse en la “línea”, pero otros no tienen la misma suerte. Es como si con “mirar la comida, engordaran”.
Como si esto no fuera un problema, la publicidad se encarga de recordar todos los días que hay que ser flacos, que hay que comprar productos maravillosos y hacer dietas o ejercicios para mantener la figura.

Bombardeo publicitario sobre la figura ideal
Además, desde niños vamos creciendo con el prototipo de lo que debe ser la belleza, según dictan los medios.
Pero, alguien se ha preguntado alguna vez, si realmente, ¿los gordos quieren ser obesos? La experiencia me dice que NO. Realicen, o no, dietas, puedo asegurarles que nadie quiere estar obeso. Primero, porque la salud física y emocional se puede afectar. En segundo lugar, es difícil encontrar ropa bonita y que luzca bien. Además, está lo peor de ser gordo: “la cantaleta” de la gente.
Te dicen: “Te estás poniendo gordito o gordita…, tan linda que tienes la carita…, hay si bajaras unas libritas…”. Los diminutivos suelen ser parte importante de esa conversación. Sin embargo, van acompañados de recomendaciones tales como: el tipo de comidas que debes comer, cuánto tiempo de ejercicios debes hacer, entre otras. Entonces, te sugieren las dietas de: la toronja, la de las sopas, la de las proteínas, las de las 900 calorías; programas como “weight watcher”, “Atkins”, “South Beach”, “Jenny Craig”, la operación bariátrica y muchos más. Eso sin contar las pastillas milagrosas y las batidas maravillosas.
No importa a quién te encuentres: familiar, amigo, conocido y hasta un extraño en la fila del banco o el supermercado, te va a decir lo qué debes hacer para bajar de peso. Y con todo el respeto a estos profesionales; tal parece que ¡todo el mundo es nutricionista y entrenador personal!
Aún no he llegado a la parte motivacional. “Todo es cuestión de fuerza de voluntad, si te lo propones lo vas a lograr”, son algunas de las frases que vas a escuchar. Sin que me quede nada por dentro, claro que sí, cualquier dieta con un poco de fuerza de voluntad funciona, pero ¿por cuánto tiempo o después de invertir qué cantidad de dinero?
Lo cierto es que no soy nutricionista, ni doctora, ni tengo ningún programa para bajar de peso, pero he seguido muchas dietas y visitado varios profesionales de la salud. Ciertamente, se puede bajar de peso, pero hay que desembolsar bastante dinero. Ningún plan médico en este País quiere aceptar que la obesidad es un problema de salud, que no es suficiente con hacer dietas o tomar pastillas mágicas porque cada problema es distinto, que claramente debe ser tratado por un profesional de la salud.
Entonces, el problema de la obesidad en Puerto Rico tiene dos soluciones. Las personas consiguen el dinero para poder tratarlo individualmente, o los planes médicos aceptan la gordura como una enfermedad, y ofrecen el tratamiento necesario.
Unos comen por ansiedad, otros engordan por el mal funcionamiento del metabolismo, y algunos padecen de enfermedades que los llevan a la obesidad. Aunque podemos ser felices, tener una autoestima saludable y aprender a vivir con la gordura, tenemos derecho a una mejor calidad de vida y a estar saludables. Parece un chiste, pero no lo es. Y no es cuestión sólo de dietas o ejercicios. ¡Hay que tener dinero! Cuando vas al supermercado, ¿no te has dado cuenta de que la comida saludable es más cara que la comida chatarra? Cualquiera de los programas que desees realizar para bajar de peso, requieren más que fuerza de voluntad o dedicación, tienes que hacer una inversión económica. Todo sea por la salud, pero para ser flaco hay que tener dinero o un buen metabolismo.
Puedes leer y dejar tu comentario en las entradas que completan esta serie:
¡A dieta toda la vida!
Tras el cuerpo perfecto
Una obsesión contraria a la corriente
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