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Archivar como 29 octubre 2011

La vida no se mide por el número de alientos que respiras, sino por los momentos que te quitan el aliento. (Película Hitch)

En la tierra hay sitios hermosos, toda la creación lo es.  Sin embargo, hay lugares que, más allá de poseer una belleza incalculable, te conectan con Dios. Estoy segura que mientras te narro este relato tu mente voló y has podido imaginar alguno de ellos.  En Puerto Rico hay muchos espacios que son inmensamente bellos y en los cuales he experimentado sentimientos muy impactantes.

Sin embargo, el lugar del que quiero hablar no está en mi Isla.  Aunque no soy una viajera frecuente, (me encantaría poder serlo) tuve la oportunidad de visitar un paisaje que todavía recuerdo y me emociona.

Gran CañónEsa visita no estaba en mis planes, pero llegó en febrero de este año.  Me gané un viaje a Las Vegas y desde allí fui al Gran Cañón.  No sé si has tenido la oportunidad de estar allí.

El cielo tan claro, el espacio abierto, el aire fresco, las montañas, la profundidad que se puede observar, en fin, todo el paisaje te remonta a un momento que te quita el aliento, tal como decía la cita de la película Hitch. Admirar tanta majestuosidad te lleva a un éxtasis que simplemente no puedes explicar.  Cuando tienes toda esa naturaleza al frente quieres permanecer allí, sin hacer nada, simplemente disfrutando de lo que observas.  Distintas emociones brotan del interior. En mi caso, no estaba con mi familia, así que pude sentir algo de nostalgia.  Tal vez, se debió a que mis pensamientos comenzaron a volar.  Imaginé llevar a todos los que amo para que compartieran conmigo ese instante.  No obstante, distintos sentimientos se pueden encontrar. Es que la libertad que sientes, las emociones que provoca ver tanta belleza también puede despertar un poco el egoísmo de disfrutarlo solo para uno porque es un instante mágico.

Definitivamente la naturaleza nos habla de Dios y el poder disfrutarla es uno de esos momentos que, sin duda, te dejan sin aliento, es majestuoso.

Cuéntame, qué lugar has visitado que te ha despertado tantas emociones…

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Los nervios hacían estragos, era el momento de despedirse.  Maia todavía tenía en su rostro las marcas de las lágrimas que había derramado.  Entonces, Rodrigo no pensó más y le dio otro fuerte abrazo.  En esos instantes solamente quería poder leer los pensamientos más profundos de Maia.

- “Cuando estés lista para hablar, me llamas”.

- “Sí, lo haré”.

Maia prosiguió sin mirar atrás.  Esa madrugada no pudo dormir, solamente quería que amaneciera.   En la pared estaba el reloj marcando las horas, que pasaron lentamente…  Ya quería llamar a su amiga,  quién mejor que Sofía para escucharla.

Eran las 9:00 de la mañana, Sofía escuchó el timbre de su teléfono y contestó todavía medio dormida.  Era Maia, al escucharla solamente  recordó la confesión que le había hecho y que todavía no había podido procesar. Maia le explicó la razón de su llamada, comenzó a actualizar la historia y le contó de su encuentro con Rodrigo.  Así pasaron algunas horas debatiendo si debía decirle la verdad a él.

- “Amiga, todavía no sé qué decirte, tú debes decir si vale la pena callar…  Aunque, creo que estás exagerando un poco al pensar en la reacción de él…  Ya verás que ahora con la llegada de Rodrigo todo cambiará…, podrás demostrarle el amor que sientes”, trató de animarla Sofía.

Maia no estaba tan segura de cuál sería la respuesta de Rodrigo al conocer los detalles de lo ocurrido.  Antes de llamarlo quería sacar el dolor que sentía por la impotencia de no haber conquistado el corazón del hombre que amaba. Luego de unas horas, tomó el teléfono y marcó…

- “Rodrigo”

-”Maia, eres tú

-”¿Crees que podamos encontrarnos?

-”¿Te parece bien esta noche a las 7:00 frente al muelle?“.

-”Allí nos vemos”.

Se acercaba el momento, Maia seguía dilucidando qué le iba a decir.  Rodrigo llegó temprano y se sentó frente al muelle, ese lugar mágico donde se dio el primer encuentro.  Unos minutos después se acercó ella y se saludaron con algo de temor.  Él la vio más radiante y bella que el primer día, su corazón latía fuertemente, pero no quería desenfocarse.

-”Entonces, ¿ya pensaste lo que me vas a decir?”

- “Veo que te intriga conocer mi respuesta Rodrigo.  Deja ver cómo te lo digo porque no tengo el valor para engañarte, no está vez.  Ya te dije que te mentí en la carta y que te amo, pero…”

-”Sí Maia, eso ya me lo dijiste, pero no aclara mis interrogantes, quiero saber ¿qué pasó?”, interrumpió Rodrigo.

- “Aunque no lo creas, tú no estás enamorado de mí”, trató de explicarle Maia.

- “¿De qué hablas? Estás enredado las cosas. Tú no leíste mis cartas…, mejor no pude abrir mi corazón para expresarte lo que siento…”, irrumpió Rodrigo.

- “Si me permites, te puedo decir… – hubo una pausa y un respiro profundo – Esas cartas que recibiste podían transmitir lo que siento por ti, pero yo no las escribí…”

Ni los ataques de la guerra, ni la herida que le causó ese último suceso antes de regresar, habían logrado despertar en Rodrigo emociones tan profundas y dolorosas.  No podía creer lo que estaba escuchando, era una mezcla de incredulidad, intriga y frustración.  La pasión y el amor que habían crecido en su corazón durante esos meses eran solo una mentira.

-“¿Cómo?, ¿por qué no las escribiste?,¿quién las escribió?  ¡Por Dios, Maia…! – exclamó - primero me dices que no me amas, luego me dices que si me amas, ahora dices que no escribiste las cartas… Con tantas mentiras… ¿cuál entonces es la verdad?, ¿qué nos queda?, ¿qué clase de amor es el que dices sentir?”

Maia comenzó a sentir que el aire le faltaba, no sabía cómo esclarecer tanto enredo.  En el fondo de su corazón empezó a experimentar un vacío, una angustia muy profunda.   Sus inseguridades habían podido más que el amor, una vez más.  Su timidez y sus reservas la condenaban a fracasar en cada relación, no tenía suerte en el amor. 

Cuando Maia recibió la primera carta de Rodrigo y leyó cada una de las palabras, quiso decir tantas cosas, pero  no podía contestar con letras tan profundas, le faltaba la musa aunque todo su ser vibraba de emoción.  Sofía tenía el don de transmitir lo que anidaba en su corazón y esa fue la única solución que encontró para enamorar a Rodrigo.  Nunca había tenido tanto valor para enfrentarse con la verdad, como hasta ese momento, no era capaz de superar sus miedos y mostrar lo que escondía en sus adentros.

- “Mis palabras no son como las tuyas, no sabía qué decirte para que pudieras entender lo que había en mi corazón, lo siento…”, fueron sus últimas palabras.

Luego de pronunciar esas letras comenzó a alejarse, sin despedirse, ni siquiera podía mirar a los ojos a Rodrigo.

- “Lo único que quería era conocerte, saber quién era esa chica tímida a la que le robé el beso… y, ¿qué hiciste?, mentir. - subía su tono de voz Rodrigo - Ahora no sé a quién amo… -gritó- Maia te estoy hablando, no me vas a contestar...”

Maia se quedó en silencio, no podía decir ni una palabra más, ya le había costado bastante sincerarse por primera vez. Una vez más perdía la oportunidad de amar y ser correspondida.   Siguió caminando a prisa y sin retroceder.  Su destino ya estaba escrito para qué dilatarlo más…

Rodrigo quedó inmóvil allí frente al muelle donde comenzó la ilusión que despertó los más lindos sentimientos.  Frente a ese mismo mar donde se ahogaban todos los sueños que había construido.  Maia se perdió en la distancia y con ella se fue todo el amor que transmitían las cartas. 

Rodrigo miró hacia el banco donde se sentaron por vez primera.  Estaba vacío, solamente quedaba una caja con todas las misivas que alimentaron su corazón mientras estuvo en la guerra.

—-Fin—-

Esta es la última parte de la serie de cuentos de amor y ruptura, puedes leer los capítulos anteriores del cuento en los siguientes enlaces:

1. Cartas de amor y ruptura

2. Cartas y recuerdos

3. Letra a letra

4. Una guerra interior

5. Fin de la escaramuza

6. No hay palabras

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Muchos utilizan las palabras te amo para iniciar un juego, una relación pasajera, momentos de pasión desenfrenada y tantas otras cosas que no definen  lo maravillo y especial que es experimentar el verdadero amor.

Resulta que algunas personas no conocen el significado de la palabra amor y mucho menos pueden transmitir lo que es oculto para ellos.  Entonces, van por la vida diciendo que aman con palabras, pero demuestran todo lo contrario con sus hechos.  Y es triste porque hieren y lastiman tantos corazones de personas inocentes que entregan por completo el alma en la relación.  Las dejan con cicatrices que, en ocasiones, pueden quitarle el deseo de volver a amar. Mienten deliveradamente, viven dobles vidas, siembran negativamente sin darse cuenta que todo lo que sembramos eso vamos a cosechar. Y en ocasiones, su comportamiento los lleva a vengar de alguna manera el daño que otras personas le hicieron y que no pudieron superar.  Olvidan por completo el dolor que experimentaron cuando fueron ellos los traicionados y heridos.

Pero tengo algo que decirte, el amor no lo define el comportamiento de la persona que dijo que te amaba y luego te traicionó.  Una o varias experiencias dolorosas no deben quitar de tu corazón el deseo de amar.  No obstante, ya te había hablado de lo que es atreverse a amar y cómo cuidar de la relación en mi primera publicación de este blog.  Por lo tanto, no entraré en detalles.

Lo que sí puedo decirte es que creo en el amor, a pesar de lo que haya vivido en el pasado y de las personas que no supieron valorar el compromiso que implica la decisión de amar.  Hay que sanar el corazón y esperar en Dios, pues Él mejor que nadie nos conoce y sabe lo que necesitamos.

Hoy vi un video de una canción muy hermosa que quiero compartirles.  Es de la película Fireproof, basada en el libro El desafío del amor.  Una de las películas más bellas que he visto en cuanto a lo que es la realidad matrimonial y todo lo que se debe hacer para mantener viva esa llama del amor.

 La canción nos anima a seguir adelante y confiar aunque nuestros ojos no vean resultados.  Dios sabe lo que nos conviene y siempre nos da más de lo que podemos imaginar, especialmente si podemos aceptar el reto del amor verdadero.

Te reitero que no dejaré de creer en el amor porque conozco el significado y tengo la capacidad de amar.  Esa decisión es para valientes, para aquellos que saben comprometerse y luchar hasta el final.  No te canses de creer mientras esperas.

Y tú, ¿crees en el amor?

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Quizás estás viviendo o has vivido un momento en el que hay que tomar una decisión difícil que no quieres o no puedes afrontar.  Tú, como yo, eres un ser humano que puede experimentar emociones y sentimientos encontrados.  Ciertamente, la vida no es un jardín lleno de rosas sin espinas.  Las rosas más bellas y hermosas tienen las espinas más grandes y gruesas.

No sé qué puedas estar pasando o qué pasaste. Tal vez, ha llegado el fin de un trabajo al que le dedicaste lo mejor de ti, una relación amorosa o de amistad está por terminar, una enfermedad te está quitando la vida o se quiere llevar la de un ser al que amas. 

Pueden ser muchas las dificultades que nos toca vivir y quizás no tenemos las herramientas completas ni los recursos para poder manejarlas.  No te sientas frustrado(a), es normal sentir impotencia, desesperación, desesperanza, una tristeza profunda, pero no puedes darte por vencido(a) ni caer en una fuerte depresión. Busca ayuda espiritual y profesional. Únete a personas que te apoyen, te animen y te llenen de fortaleza.

Cada proceso que vivimos tiene consigo una gran enseñanza, en el momento no lo podemos ver porque las tinieblas nos arropan, pero con el tiempo la tormenta pasará y volverá a salir el sol.  Ahí podrás mirar atrás y comprender mejor lo que aprendiste.

El punto final es aceptar que el trabajo, la relación o cualquier otra experiencia terminó.  Es asimilar que hay una enfermedad con la que tenemos que trabajar y aún en medio del dolor vivir intensamente lo que nos queda a nosotros o con el familiar que la está sufriendo.  Es darte el valor que tienes y el respeto que mereces.

Sin duda alguna, ni tú ni yo queremos vivir momentos desagradables, que nos hieran, lastimen, humillen o denigren.  Pero son esos instantes los que van formando nuestro caracter y al final nos muestran las capacidades que tenemos, los recursos que nos rodean y nos llevan a una nueva oportunidad, donde te sentirás mejor.

El Creador nos ha dado la capacidad para hacer frente a todo lo que nos toca vivir, aunque a veces nos sintamos desfallecer.  Entonces, ¿qué nos impide poner un punto final?  El temor o miedo a lo desconocido, a encontrarnos en soledad, a vivir experiencias distintas, a separarnos de lo que amamos.  También, puede que nos detenga  la costumbre a la rutina diaria. 

Un punto final no es el fin en si mismo.  Es la conclusión de una etapa para dar paso a una nueva, donde también podrás experimentar los momentos más maravillosos y en algunos instantes sentirás la tristeza de concluir, también, esa estación de la vida. Pero recuerda que después de ese punto iniciará otra oportunidad.  Porque en la novela de la vida hay muchos capítulos con oraciones finales. 

Una vez pongas el punto final, si lo hiciste basado en un buen análisis y una toma de decisión correcta las consecuencias serán positivas y tu vida se llenará de paz y bendición. 

Te pregunto, ¿qué te impide poner el punto final?

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Todos los sucesos apuntaban a una velada mágica para Rodrigo, allí estaban las personas más importantes en su vida, incluyendo a Maia, a pesar de las sensaciones que experimentaba al tenerla frente a él. La miraba y no lo podía creer, pero su lucha interior era más fuerte y quería explotar…

- “Realmente no quiero prolongar más tu noche, creo que has llegado cansado y debes cuidar tu herida”, titubió Maia.

- “No te preocupes, hay otras heridas que quisiera atender primero“, le respondió, Rodrigo, enfáticamente.

Maia no encontraba cómo mirarlo, la respuesta a sus interrogantes fue contestada.  Definitivamente, Rodrigo había leído su última carta y ahora sí que no sabía qué decir.

- “Llevo semanas planificando este momento, pensando en las preguntas que te diría para descubrir tanto misterio“, continúo.

-”Rodrigo…”

- “Disculpa si estoy siendo demasiado sincero, pero no entendí lo que me decías en tu última carta, no era como las demás.  Eso me consternó y sí, quiero saber, ¿qué es lo que pasa?”,  interrumpió Rodrigo.

De momento el ambiente se tornó como un cementerio.  El amor que Maia sentía la quebró, no pudo soportar las reclamaciones de Rodrigo, él tenía razón en cuestionarla. 

- “No sé qué decirte, no tengo palabras”, fue lo único que se le ocurrió.

Rodrigo levantó la cabeza de Maia con su mano, de manera que pudiera mirarlo.  Sus ojos se enfrentaron fijamente.

-”Maia… solamente quiero saber, ¿qué te llevó a tomar esa decisión, qué fue lo que sucedió?

-”No sé si te hago más daño diciendo lo que siento en realidad. Y creo que los dos hemos sufrido”.

Rodrigo estaba abrumado, de qué sufrimiento hablaba Maia, porque el único que había sido lastimado era él.  

- “Aunque no me creas, lo único que te puedo decir es que mentí… yo te amo con todo mi corazón…”, continuó Maia.

El llanto se apoderó de ella, ¿qué le podía decir para aclarar la situación? Rodrigo la abrazó muy fuerte, pero ahora entendía menos.  Maia sabía que no podría sostener la mentira por mucho tiempo, pero ¿valdría la pena descubrir su verdad?

-”Maia, tus palabras me confunden más, pero si me amas como dices podemos conversar.  No tiene que ser ahora, veo que te afecta lo que sea que haya ocurrido y aunque me inquieta saberlo, no quiero presionarte“.

Esta es la sexta parte de la serie de cuentos de amor y ruptura, puedes leer la primera, segunda, tercera  cuarta y quinta parte del cuento en los siguientes enlaces:

1. Cartas de amor y ruptura

2. Cartas y recuerdos

3. Letra a letra

4. Una guerra interior

5. Fin de la escaramuza

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En las pasadas semanas he estado en silencio. Recuerdo que decía en uno de mis escritos que de vez en cuando hay que hacer una pausa. Y me llegó el momento a mí. 

Tal vez igual que tú, hoy experimento uno de los procesos más difíciles de mi vida y no creo necesario entrar en detalles.  Sí, soy humana, yo también puedo palpar diversas emociones, siento alegrías y tristezas, amor y dolor.  En instantes como esos es que reviso mis escritos y me pregunto, ¿qué hay detrás de mi sonrisa? ¿estoy trabajando para lograr las cosas que quiero hacer antes de morir?

Vuelvo al silencio en el que estoy viviendo.  Ese silencio que habla más que mil palabras y está lleno de emociones encontradas.  Una lucha en mi interior se desata y aunque no veo una salida siento paz. Yo decidí ser feliz a pesar de mis circunstancias.

Ciertamente, hay vivencias que nos estremecen y nos dejan sin aliento, pero en el silencio las puedo analizar mejor. Las ideas se aclaran poco a poco y así van pasando las etapas del proceso en el que me encuentro.

Pero en ese silencio me conecto con el Creador, escucho canciones con mensajes que  me alientan y escribo para desahogarme.  También, tengo momentos en los que lloro para limpiar y sanar mi corazón, y aprovecho para leer.

Precisamente estuve leyendo un escrito sobre una de las estaciones del año y decidí dejar mi comentario; lo comparto con ustedes:

Todos necesitamos otoños en nuestras vidas, ahí nos despojamos de lo que ya está muerto y no sirve para que el invierno lo queme con su frío y luego podamos renacer en la primavera.

Hoy me siento en el otoño de la vida y no es fácil ver como cada hoja besa el suelo y luego vuela lejos.  Cada una de ellas tiene tanto que contar, pero es hora de que tomen otro rumbo.

En su momento llegará el invierno, ese frío que nos quema y parece que nos dejará sin vida, pero hay una esperanza.  Esa estación no dura eternamente, también pasará y luego vendrá una nueva etapa.

Nada de lo que vivimos pasa por casualidad, hay un propósito y cuando dejamos que Dios tome el control de nuestras vidas, volvemos a renacer, salen nuevas flores y disfrutamos de la primavera.

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