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Archivar como 29 julio 2011

En silencio te amé, muchas veces te soñé y aunque siempre me tratabas con cariño, era eso lo que sentías y no lo que yo quería. Llegaba a la escuela con la ilusión de verte y compartir contigo.  Día tras día pensaba en tus cuentos de amor, pero yo también te contaba los míos, mis ilusiones y sufrimientos. En ambos casos, otros eran los protagonistas.

 La cotidianidad fue alimentando nuestra relación, éramos el uno para el otro.  Mas el cuento de amor solamente existía en nuestras mentes. Tantas veces pensé:  qué podía hacer para que me dejaras de ver como tu hermana menor y me cuestionaba por qué me insistías en un parentesco que no era real y que me alejaba de tu amor. Me cansé de esperar un milagro. Muchas veces quise despertar y escuchar de tus labios una palabra distinta, una confesión.

Me resigné sin dar la batalla, como una cobarde, pues se suponía que fueras tú el que tomaras la iniciativa y no yo.   Pasaron los años, solamente vivía con el bonito recuerdo de tu amistad.  La vida nos llevó por rumbos separados.  

Recién se produjo el encuentro.  Han pasado tantos años, eres casado y estás  feliz.  Sin embargo, despertamos los recuerdos, las travesuras, la complicidad. Entonces, decidiste confensarme tu verdad.  Mas la historia fue distinta a la que yo conocía. Me dijiste que  yo te veía como un hermano y que me amaste en silencio como se aman un hombre y una mujer. Qué sorpresa me llevé.  Todavía pienso en tus palabras y no lo creo.  Mi ilusión fue una de adolescente, la tuyo duró un poco más, pero ambas fueron a la tumba sin que fueran reveladas.

Las ironías de la vida no tienen explicación, ambos perdimos la oportunidad de compartir ese amor de adolescentes que murió por la cobardía de enfrentar los verdaderos sentimientos.  Un amor que tuvo que sufrir ante la aparente hermandad que nos unía.

Hoy yo también soy feliz.  A la vida no se le puede dar vuelta atrás, pero me alegra saber que mi amor fue correspondido, y apesar del silencio que lo rodeó, no fue un amor de hermanos.  Ahora no queda más que aceptar la hermandad, un incesto sería despreciable. Que viva el amor de una gran amistad, de mi hermano del alma.

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La vida es corta, pero lo puede ser aún más si la llevamos de forma desordenada y vacía.  Ese parece que fue el desenlace de la aclamada cantante Amy Winehouse, quien a sus tiernos 27 años perdió la vida por causas que todavía no han sido confirmadas.

Sin embargo, artículos en la prensa internacional hacen alusión a su adicción por las drogas, el alcohol y la comida, de esta última señalan que se daba grandes atracones, al parecer padecía de bulimia.  A nivel artístico muchos admiraban su voz y el éxito que había alcanzado a su corta edad, pero se le esfumó la vida.  Se despidió de este mundo tal como un acto de magia.  Como una flor que apenas comenzaba a crecer, que no fue bien cuidada y se marchitó.

Pensar en su muerte me lleva a reflexionar sobre lo que albergaba su corazón, sus razonamientos y qué había en su interior. Ciertamente estaba buscando un escape a través de la drogadicción, pero de qué quería escapar.  Tal vez, quería llenar ese espacio que quedaba desierto cuando se acababan los aplausos y se apagaban las luces.  El dinero le podía dar todo lo que materialmente pudiera tener, pero faltaba lo esencial. Fuentes cercanas a la artista aseguraron a la prensa que su vida era caótica.

La riqueza o la pobreza no puede medirse por la cantidad de bienes que se tienen.  Sencillamente si lo aplicamos a esta joven, se puede concluir que fue un ser pobre.  La pobreza radicó en su espirítu. Sin duda, buscaba llenar un vacío, ese hueco que todos tenemos en el alma y donde solamente cabe el creador.

Tengo que admitir que no conocía su música, mucho menos sabía quién era, pero cuando escuché la noticia de su muerte me dio un gran dolor en el corazón, por ella y por muchos que por las razones que sean permiten que se les esfume la vida.

La brevedad de la vida será siempre tema de conversación, pero debemos procurar que los instantes que vivamos lo hagamos plenamente, de manera sana y juiciosa. Ya lo decía Séneca, no es que la vida sea corta es que nosotros perdemos el tiempo.  Así que la mejor lección que podemos aprender de la lamentable muerte de Amy Winehouse es que hay que saber vivir la vida.

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Otra vez cometo la osadía de contestar a una publicación de otro blog, en este caso, de manera muy distinta a la anterior.

Igualmente, sé que no me conoces, digamos que yo tampoco, aunque ahora tengo elementos para tener una idea de lo que ocurre en tu corazón.  Por cierto, recientemente he estado escribiendo una publicación sobre los cambios de vida en las distintas décadas de nuestras vidas, espero terminarlo pronto y que lo puedas leer, pero eso no es lo que me trae aquí.

Buscando blogs que hablen sobre los temas que escribo me topé con el tuyo y me llamó mucho la atención tu escrito:  Una reflexión cruda y sincera.  [
http://buworld.wordpress.com/2011/07/21/una-reflexion-cruda-y-sincera/
]

Antes que nada, espero que los comentarios de los que me anteceden hayan calado en tu corazón y te hayan devuelto la esperanza de que después de cada tormenta sale el sol. Veo que tienes personas que te aprecian y que son muy sabias en todo lo que te dicen.

Primeramente quiero felicitarte por abrir tu corazón de esta manera, son muy pocos los que se atreven a publicar procesos tan dolorosos y que sirven para darnos cuenta que no estamos solos en el barco.  Sin duda alguna, muchos nos podemos identificar de cierta manera contigo y algunas de tus vivencias. Si tienes la oportunidad de ver mis escritos te darás cuenta de lo que hablo.

Lo único que te puedo decir es que la vida no ha terminado, a penas comienza a tus 38 años y te falta mucho por recorrer, rendirte no es una opción. No estoy diciendo que es lo que transmites, al contrario, creo que tu desahogo es el primer paso para buscar una solución.  Estás reconociendo todo lo que a tú entender, y con justa razón, te ha llevado a un aparente “fracaso”, digo aparente porque no creo que lo sea. Cada escalón de nuestras vidas:  lo que estudiamos, las relaciones que tenemos, los trabajos en los que estamos,  son necesarios para llegar a la cima.

Pero claro, una carta de despido puede ser el detonante de muchos asuntos sin resolver que se unen para llevarte a una gran depresión.  Te cuento que hace unos años viví esa situación con mi esposo, a él lo despidieron de su empleo en un momento donde las posibilidades para encontrar otro eran casi nulas, pues en Puerto Rico el Gobierno despidió sobre 30,000 personas, eso sin contar las empresas privadas.  Entiendo muy bien lo que se siente

Ya has enumerado todos los factores que te han llevado a sentirte tan mal.  Ahora te animo a que hagas una lista de todo lo que te falta por hacer, lo que quieres lograr.  También te invito a que analices cuáles han sido tus mayores logros, intenta, sé que los tienes.  Piensa en todos los que te pueden ayudar, en los recursos que tienes a tu lado, pero que tal vez el dolor no te permiten ver.

De todo lo que mencionas, creo que debes darle prioridad a tu salud, tanto física como emocional.  Dices que el psiquiatra no fue suficiente, pues tengo que decirte que uno no llega a una depresión de la noche a la mañana, se van uniendo distintos factores años tras años hasta que llega el detonante, que este caso parece ser la carta de despido.  Por lo tanto, lo que se ha dañado a través del tiempo no se puede arreglar en unas semanas, ni siquiera en unos meses.  Te sugiero que vuelvas al psiquiatra, en estos momentos necesitas estabilizarte, pero también debes ir a terapia con un psicólogo, ambas serán buenas herramientas para comenzar.

En cuanto a tu trabajo, quizás llevas tiempo pensando en hacer cosas nuevas, anda, piensa bien, sé creativo y verás que te llegarán nuevas oportunidades.  Una vez las tengas, ahorra el 10 por ciento de tu sueldo y ten disponible dinero para por lo menos sobrevivir tres meses sin empleo. Sobre tu familia, lo único que te puedo decir es que primero debes estar bien tú, suena un poco egoísta, pero no puedes arreglar otras relaciones y situaciones, si no te atiendes primero tú.

Finalmente, es necesario que alimentes tu parte espiritual, la fe en Dios, aunque veamos que todo se derrumba, es lo que nos mantiene en pie y nos da las fuerzas necesarias para lograr todo lo demás. Además, lee historias de éxito de otras personas y cómo lo han logrado, te ayudará.

Quisiera poder darte una solución a cada uno de tus problemas, pero no tengo esa facultad.  Lo único que te puedo decir es que yo también me he sentido como tú y te he compartido algunas de las estrategias y herramientas que a mí me han funcionado.  Mucho éxito y aquí en Más que vivir tienes un espacio con literatura que puede ayudarte.

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Los talentos son como las flores hay que alimentarlos y hacerlos crecer.  Aunque todavía no me nombro ni escritora ni poeta, sigo disfrutando de plasmar en este blog todo lo que pasa por mi corazón y llega a mi mente.

Las experiencias han sido singulares, pero muy gratificantes.  La diversidad de opiniones y los comentarios de los lectores hacen de este espacio uno muy especial, por lo menos para mí.  He aprendido que todos queremos soñar, vivir enamorados, alcanzar la felicidad, tener salud física y emocional y muchas más. Digo, eso me dicen las miles de visitas a las publicaciones de este blog.

Una de las cosas que más me ha llamado la atención son los temas por los cuales las personas llegan a este espacio.  En ocasiones he querido tener el poder de saber quiénes son y más que una lectura ofrecerles mi ayuda.  Veo mucha tristeza, dolor, problemas en algunos de ellos y también creo que no quieren sentirse así, por eso buscan estos escritos. Bueno, esa es mi interpretación, ya me dirán si es así en sus comentarios.

Pero vuelvo al tema, lo que intento compartir es que me llena de felicidad que leas y comentes en mi blog, de eso, precisamente, se nutre mi plantita y va creciendo la locura y la poesía que quiero transmitir.

Yo encontré lo que me apasiona, lo que me llena, pero confío que sean muchos los que lleguen a reconocer que fueron creados con un propósito y que deben hacer crecer cada uno de los talentos que el Creador les regaló.

Si te gusta escribir, no lo pienses más, hazlo, comparte lo que piensas, lo que sientes, no sabes a cuántas personas vas a tocar con tus palabras.  Redacta algo por lo menos semanalmente, aunque después decidas dejarlo reposar.

 

He leído muchos blogs hermanos que me inspiran a seguir compartiendo mis temas.  Quizás, los autores tengan mucho más talento que yo, pero mientras tenga lectores seguiré escribiendo.  Todos alguna vez hemos escrito una carta, una poesía o una canción de amor o de despecho.  Insisto que de “poetas y locos todos tenemos un poco“.  Así que, dale alas a tus talentos y cultiva el loco y el poeta que hay en ti, no pierdas esa gran oportunidad.

Nota de la editora:  gracias por apoyar este blog, esta semana celebramos nuestro segundo aniversario.

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Hoy es un buen día para recordar y vivir aquellas experiencias que nos hicieron suspirar, llorar, gritar de felicidad. 

Hace casi 15 años me despedía de grandes amigos, no porque no quisiera volverlos a ver, simplemente se terminaba un capítulo más en mi vida, terminaba mi escuela superior.  ¡Dios mío!, no puedo creer que haya pasado tanto tiempo, si parece que fue ayer. 

Allí construí grandes amistades, que aún conservo, muchas de ellas las he vuelto a encontrar gracias a las redes sociales, ¡qué bendición!, ¿no crees? Algunos de esos amigos me acompañaron desde kinder, o sea, media vida.  Los vi crecer, superarse, sufrir y gozar.

Recuerdo que ese último año lo gocé en cantidad, fui hasta California a representar a Puerto Rico en las competencias de los Futuros Líderes del Comercio y desfile frente a miles de personas como la “who is who” de nuestra Isla.  Para llegar allí hice hasta lo que me había propuesto no hacer nunca en la vida.  Qué lección, por eso no se puede decir: “de esa agua no beberé”.  Tuvimos que recoger dinero hasta en los semáforos y ahora que veo a los deambulantes allí, sé porque lo hacen, se recoge bastante dinero.

Pero ese no es el cuento, resulta que a mis 17 años me preparaba para enfrentar una vida universitaria, lejos de mi hogar, de mi familia y con la libertad suficiente para decidir qué hacer y qué no.  Todavía me parece sentir el terror que me provocaba el cambio, aunque lo ansiaba con todo mi corazón.  Iba en busca de uno de mis grandes sueños, ser periodista.  Lo que no sabía era que la capital de Puerto Rico se iba a convertir en mi nuevo hogar, que no volvería a mis orígenes, no porque no quisiera, simplemente acá estaban las oportunidades de mi vida.

Hace unos días estoy pensando en que ya hace una década que me despedí también de los años de bachillerato en la Universidad, que fueron inolvidables.  Creo que gran parte de lo que soy es el resultado de las experiencias allí vividas. No estuve en más organizaciones estudiantiles porque no pude, hasta el discurso de graduación me tocó dar.

Durante esos años también hice grandes amigas, que son como mis hermanas, sus hijos son mis sobrinos.  Así es, la familia siguió creciendo. 

No obstante, no puedo olvidar que graduarme me produjo una gran depresión, estuve varios meses buscando el trabajo de mis sueños.  Hoy puedo decir que hay que vivir cada proceso y que todo llega en su tiempo.

La vida continúa, muchos retos me esperan, pero no puedo olvidar los grandes momentos que he vivido porque parece que fue ayer.

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Estoy segura que has vivido algún momento en que no te han salido las palabras.  Ya sea porque tuviste una sorpresa agradable o una situación inesperada, hay instantes en que faltan las palabras para describir lo que se siente o se piensa.

Mira que nuestro idioma es rico y tiene palabras para nunca acabar, pero aún así, nuestros nervios nos pueden traicionar, la mente se va en blanco y no hay vocabulario que pueda describir lo que se siente.

Uno de los momentos en los que las palabras sobran es cuando recibes ese primer beso de amor, las mariposas hacen fiesta en el estómago y no hay que decir. Para los que son padres, la llegada de ese primer hijo, basta con observarlo.

Otro que no es positivo es la pérdida de un ser querido, en la mente se cruzan mil ideas, entre ellas: “esto no puede estar pasando”.  Nos negamos a aceptar que ese ser ya no estará físicamente  y ciertamente nos faltan las palabras para enfrentar la triste realidad.

¡Wow! son tantos los momentos que vivimos así, ya sean de felicidad o de tristeza.  Lo cierto es que en esos instantes perdemos todo el español que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida.  Los sinónimos y antónimos desaparecen.

Cuando faltan las palabras no podemos forzar la situación, es momento de controlar la emoción que estemos sintiendo y esperar a que regresemos a la normalidad poco a poco, sin presiones.  Especialmente cuando son instantes de alegría, aunque el vocabulario falte, es mejor disfrutarlos.

Qué te parece si me cuentas, ¿qué cosas te han dejado sin palabras?

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